Jon ORMAZABAL
Pelota

Oinatz Bengoetxea aplaca el relevo generacional

Altuna III no supo jugar con el marcador en contra y necesita que Artola gane a Olaizola II hoy en Tolosa.

BENGOETXEA VI

ALTUNA III

 

Con Oinatz Bengoetxea de por medio, el castizo refrán de que «sabe más el diablo por viejo que por diablo» viene que ni pintado para explicar lo sucedido en un Atano III que enmudeció tras una de las volteretas más grandes, pero para nada inhabitual, que se recuerdan. Adalid del tan cacareado «relevo generacional» del que se viene hablando, desde hace tiempo pero especialmente en este Cuatro y Medio, el mago amezketarra había conseguido ilusionar a muchísima gente en Gipuzkoa, –los más de tres mil espectadores en tres semanas consecutivas en Donostia son la mejor prueba de ello–, pero esa misma presión acabó comiéndose a un chaval, sin forjar, de apenas 19 años y con todo el camino por delante.

Y ese futuro se le presenta absolutamente despejado si, como hiciera tras la final de Promoción, utiliza el disgusto para seguir puliendo esos pecados de juventud. Iñaki Artola impuso su físico hace apenas un año en el mismo escenario y es más que evidente el salto cualitativo que el amezketarra ha dado en ese aspecto en estos 12 meses. El propio delantero de Alegia, con mínimas opciones de seguir adelante, podría permitirle seguir aprendiendo en semifinales, si consigue ganar esta tarde a Aimar Olaizola en el frontón Beotibar tolosarra.

Una lección de cara al futuro

Pero lo normal es que Jokin Altuna tenga que seguir progresando viendo desde la contracancha a los tres de casi siempre y un Mikel Urrutikoetxea que también ha necesitado su tiempo para instalarse en la elite y sacar a relucir todo ese potencial que se le veía desde su debut en profesionales.

Su rival de ayer, Oinatz Bengoetxea, es un espejo más que válido en el que mirarse, ya que su perseverancia y su renuncia a quedarse a la sombra de dos genios como Olaizola II y Martínez de Irujo son un ejemplo a mostrar a todos esos chavales que sueñan con emular a sus ídolos.

Con la de ayer, el de Leitza ha superado tres match-balls que parecían imposibles en menos de un año, el de este campeonato apenas cuatro meses después de un sopapo como tener que renunciar a una final manomanista en el mejor momento de juego de su historia, y eso no puede ser fruto de la casualidad.

En este mismo Cuatro y Medio, el tortazo recibido ante Aimar Olaizola en forma de 22-5 en el primer partido, su primer test competitivo tras recuperarse de la lesión, hubiera hecho rendirse a cualquiera. No al de Leitza. Los más cercanos a él saben bien que la semana siguiente no fue nada sencilla, que le costó darle la vuelta, pero que acudió al Beotibar con toda la ilusión y la convicción y barrió a Iñaki Artola.

La carambola de ayer tampoco entraba dentro de los planes de la mayoría, pero el pasado le sirvió al de Leitza para creer en sí mismo. Es más, el Parejas de hace cuatro años, cuando solo necesitaba hacer 10 tantos y se quedó en 8, le hizo sufrir en sus carnes la dificultad de jugar con un objetivo que no fuera, como siempre, el cartón 22.

Jokin Altuna, sin embargo, carece de ese bagaje y jugar con el marcador en contra se le hizo imposible. Superó que Aimar le remontara 19-18 la semana pasada, pero la presión no era la misma, entonces no tenía nada que perder y ayer casi todo.

Por eso, fallar dos saques casi consecutivos y dos remates de los que le entraron hace siete días conformaron un muro infranqueable. Le entraron las prisas, se precipitó, Oinatz Bengoetxea olió su miedo y no tuvo piedad. Moviéndole de lado a lado, acertando en sus remates y con la suerte de cara también, obró otra gesta.