Josu MONTERO
Escritor y crítico literario

Humanista

Soy nacionalista de un país ideal que brotó con la República, que iba muy en serio y que por eso hubo que dar un golpe de estado para hundirlo». A sus 88 años Emilio Lledó sigue buscando una felicidad que no esté en el poseer sino en el ser. «Hay una gota de infelicidad en tener más de lo que se necesita».

Nacido en Triana en 1927 e hijo de militar republicano, pasó la guerra en el Madrid resistente y una posguerra miserable; se fue a Alemania con un poco de dinero que ganó dando clases y allí acabó Filosofía y Filología Clásica. “El 99% de la enseñanza en Alemania sigue siendo pública”, afirma este hombre que cree firmemente que todas las últimas leyes educativas han ido contra la educación: «A un pueblo se le domina mejor llenándolo de ignorancia». Y buena prueba de ello es la progresiva desaparición de las humanidades: Filosofía, Literatura, Historia... Ha dedicado su vida a la enseñanza, pero su mejor experiencia docente, recuerda, fueron las clases de gramática alemana en un bar a obreros andaluces emigrantes «a los que nadie había enseñado la del castellano».

A esta voz que clama en el desierto contra la corrupción de las mentes y contra esa casta de amigantes –amigos, intrigantes, mangantes– que nos gobiernan, le gustaría ser de mayor maestro de escuela para enseñar a los niños a mirar los árboles o una naranja o un atardecer.