Mikel ZUBIMENDI
París

París, grogui y preocupada por las graves y durables consecuencias

La Torre Eiffel, el Louvre, el jardín de Tuileries... los lugares más emblemáticos de la ciudad de la luz están cerrados hasta nueva orden. Los grandes almacenes, los cines y otras salas de espectáculos, desiertas; las calles más vacías que lo habitual, los andenes de metro con escasos viajeros y, en general, entre los ciudadanos se palpaba la impresión de que estaban un poco perdidos, sus semblantes transmitían una seria gravedad al hablar sobre lo sucedido. Si los autores del atentado pretendían horrorizar y aturdir a la sociedad, ciertamente ayer París estaba en estado de shock, comprensiblemente grogui.

Muchos parisinos eran ayer conscientes de que el traumatismo creado tendrá consecuencias políticas y sociales graves y durables en el tiempo. Que habrá un antes y un después del 13-N. Que unos atizarán el odio y la xenofobia y que otros buscarán limitar las libertades, asfixiar la razón e imposibilitar el espíritu crítico. Se sentía en el ambiente que muchos problemas de la vida cotidiana podían ser en adelante relegados detrás de una sicosis de seguridad, de un entendible clima de estupor y miedo.

Eran numerosos también los que decían que «algo parecido se veía venir». Otros indicaban que «nos dicen en la tele que se han abortado atentados, que se han desarticulado células yihadistas, pero no son capaces de atajar el problema». Y recordaban la política intervencionista del Estado francés en Siria, Libia e Irak, sus conexiones con petromonarquías que financian estos grupos. Algo que no justifica en absoluto este horror, pero sí ayuda a situar un contexto y a estudiar el fermento.

Levantarse rápidamente

Al horror se le unieron el dolor, la compasión, el recogimiento y las lágrimas por las víctimas y sus familias. «Nos sentimos mal, muy mal, por toda la gente que ha muerto y por nuestro país, pero no necesariamente por las mismas razones» declaraban algunos de los pocos parisinos con ganas de hacer declaraciones a la prensa.

Se mostraban preocupados por la posibilidad de apostarlo todo al estado de urgencia, a la militarización. «Pueden ser medidas transitorias, pero son un arma de doble filo que nos preocupa, y mucho».

 

Decretado el estado de urgencia, ¿invocarán el artículo 5 de la OTAN?

Tras los atentados de anteayer, el presidente francés François Hollande decretó el estado de urgencia, una decisión poco común cuya última aplicación se remonta a los graves disturbios urbanos de hace una década.

Instaurada en 1955 y consolidada tras los atentados contra “Charlie Hebdo” y el supermercado casher de Vincennes, esta declaración del estado de urgencia permite prohibir la circulación de personas y vehículos en los lugares y horarios que fijen los prefectos. Así mismo, permite instaurar zonas de seguridad donde el paso de las personas está estrictamente reglamentado y ordenar el cierre provisional de salas de espectáculo, bares, escuelas, universidades, polideportivos, estadios, etcétera.

El Estado tiene potestad de anular cualquier manifestación pública y de registrar cualquier domicilio tanto de día como de noche.

Otra medida contemplada aunque aún no haya sido tomada por el Gobierno es la posibilidad de tomar todas las medidas para controlar la prensa y los medios.

Por otra parte, tras definir ayer Hollande a los atentados como un «acto de guerra» contra su país, crecen las especulaciones en torno a la posibilidad de que se invoque el artículo 5 de la OTAN que hace referencia a la cláusula de defensa mutua. La primera vez que se apeló a este artículo fue tras los atentados del 11-S al considerar que un ataque urdido en el extranjero contra cualquier miembro de la OTAN podía ser considerado como un ataque contra todos sus miembros y que estos podían recurrir al artículo 51 de la Carta de la ONU para ejercer el derecho de autodefensa colectiva.

De invocarse este artículo, cada miembro aliado estaría obligado a asistir al Estado francés, de manera individual o concertada, como considere oportuno.M.Z.