Las tribulaciones de Mariano
Se le acusa a Rajoy de practicar una invisibilidad perjudicial para los intereses de su gobierno y partido, forzando, así, a los ministros a su cargo a romper el silencio en momentos transcendentales y decisivos. Cual niño que, en la oscuridad del cuarto, esconde su cabeza entre las arrebujadas sábanas y mantas pretendiendo ponerse a salvo de imprevistos ruidos amenazantes.
Nada más falso. A las pruebas me remito. Que su silencio presidencial le resta votos, como hipótesis, pudiera ser; pero lo que, últimamente, ha devenido en certera ley de la naturaleza es que cada vez que habla Mariano, o uno de los suyos en su nombre, sube el pan. El gallego ya no está en gracia de Dios.
Si un buen día, al calor de los atentados en París, proponen la peregrina idea de mandar, en plan relevo, al ejército español a Mali para que las tropas ocupantes francesas allí destinadas puedan ir a pegar tiros a Siria contra los del ISIS (como diciendo: ya nos quedamos cuidando la peligrosa retaguardia. Ir vosotros, que a nosotros nos da la risa), al día siguiente Mali amanece entre explosiones de los Al Qaeda boys (guerreros de la libertad los llamaban, no hace mucho, en los despachos de la Casablanca y el Palacio del Elíseo).
Tan sólo unas horas después en Moncloa… «¿Nosoootros a Mali? ¿A Maaaali decííís? De eso nada. Algún malentendido de los periodistas».
Los militares franceses respiran tranquilos, tan educados ellos, al no tener que rechazar la oferta de un ejército como el español que, a lo largo de su historia, no ha ganado batalla alguna que no fuera contra su propio pueblo y al servicio de oligarcas y caciques.
Una pena. Nos vamos a perder la edificante visión de caballeros legionarios marchando al unísono, duna tras duna, detrás de la cabra para llevar la democracia a tierras de infieles y al benemérito cuerpo de la guardia civil logrando decisivas confesiones de los terroristas de Alá en hábiles interrogatorios y los consabidos partes de guerra de Jorge Fernández Díaz.

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