Dabid LAZKANOITURBURU

MERKEL AFRONTA SU MOMENTO MÁS CRÍTICO CUANDO CUMPLE DIEZ AñOS EN EL PODER

La canciller alemana, Angela Merkel, cumple hoy diez años en su cargo en uno de los momentos más difíciles por su apuesta por acoger a los refugiados, cada vez más criticada en Alemania y en la Unión Europea tras la conmoción generada por los ataques del 13N.

En medio de buenos datos macroeconómicos, y clasificada periódicamente por la revista ‘‘Forbes’’ entre los/las dirigentes más poderosos/as del planeta, Merkel no podía imaginar hace escasos meses que iba a celebrar en una atmósfera sombría su decenio en el poder (fue elegida canciller por el Parlamento el 22 de noviembre de 2005). Su respuesta acogedora a la avalancha de cerca de un millón de refugiados, dos tercios de ellos sirios, afganos e iraquíes, la ha convertido en objeto de las críticas de todo el arco de derecha (y extrema derecha) xenófoba, incluso en su propio partido y en la coalición conservadora.

«El principio del fin», alardea “Die Zeit”. «La canciller aislada», coincide “Der Spiegel”. Los sondeos para la unión CDU-CSU van a la baja, 34% frente al 41,5% de 2013. Su electorado tradicional está confuso y los euroescépticos del AfD superan el 10%.

La CSU bávara está que trina y dos pesos pesados de la democristiana CDU (el partido de la propia Merkel), el ministro de Interior, Thomas De Mazière, y el de Finanzas, Wolfgang Schaüble, no dejan de marcar diferencias exigiéndole una marcha atrás.

La canciller ha reculado en las últimas semanas (endurecimiento del derecho de asilo, vuelta a los controles fronterizos, expulsiones aceleradas de los no reconocidos como refugiados...), pero todo es insuficiente. Más tras los ataques del 13N. «París lo ha cambiado todo», aseguran sus detractores.

La piel del oso

Reputada por su hiperpragmatismo, Merkel siempre ha preferido asumir un papel de moderadora entre diversas corrientes. Pero esta vez parece haber primado sus convicciones a adaptar su política a los humores de la opinión publicada.

Hija de un pastor protestante y crecida en la extinta RDA, parece que Merkel se considera en una misión a favor de los refugiados y para ella esta crisis «es un poco su versión de un Muro de Berlín que hay que derribar», señala Constanze Stelzenmueller, de la Brookings Institution.

Muchos le dan por políticamente acabada y varios medios especulan con que será destituida, si no da un giro de 180 grados, en beneficio de Schaüble. El politólogo Herfried Münckler recuerda que «Merkel nunca ha cultivado a los conservadores dentro de la CDU. Eso hasta ahora no ha sido un problema, pero empieza a serlo. Hay que esperar para ver si las cosas le vuelven a salir bien o si la crisis de los refugiados termina por precipitar el fin de su cancillería».

No obstante, la canciller tiene pocos rivales serios en la CDU y su aliado en la Gran Coalición, el SPD, no parece beneficiarse de la crisis en la derecha. Y es que la popularidad que Merkel pierde por la derecha la gana por la izquierda.

El filósofo Jürgen Habermas, uno de sus principales azotes, no escatima ahora elogios hacia la canciller. «¡Quién hubiera esperado esto de la señora Merkel!», asegura entusiasmado.

«Tiene opositores en su propio campo, pero tiene muchos apoyos más allá, en la sociedad civil y, concretamente, en la izquierda», concluye el historiador Paul Nolte, que recuerda que «tiene un mandato de la sociedad civil y no será fácil hacerle caer».

A ello hay que añadir su instinto de supervivencia. Tras su ajustada victoria electoral en 2005, nadie daba un duro por ella y fueron los ataques furibundos de su rival socialdemócrata Gerhard Schröder durante una tertulia televisiva la misma noche electoral los que acallaron las críticas a Merkel en su propio partido.

Diez años después, la canciller afronta una nueva crisis. Schröder ya no está para echarle una mano y ella aspira a concluir mandato en 2017 para optar acaso a la secretaría general de la ONU.