Otras miradas a la cultura de la industrialización
El autor ofrece una síntesis argumental de la conferencia sobre la fábrica y la máquina, el trabajo y el obrero contemplados desde la extensa creatividad artística que inspiran, la octava consecutiva que como cada año organizada por GARA se celebra en estas fechas y que hoy impartirá en Guggenheim Bilbao Museoa a las 12.00, con entrada libre.

En la Comisión permanente del Consejo de Europa reunida en París el 8 de marzo de 2013 su Asamblea acordó una serie de recomendaciones para preservar el patrimonio industrial europeo invitando a la Unión Europea y a la Unesco junto con el propio Consejo a conmemorar el Año Europeo del Patrimonio Industrial en 2015. Algunas naciones, instituciones y asociaciones diversas lo han hecho con variadas celebraciones y este acto es en Euskal Herria uno de los que cierran el ciclo.
A mediados del siglo XVIII, la ciencia, la ilustración y el ingenio propiciaron el inició de una trascendental era para humanidad a la que se denominó Revolución Industrial.
La implantación progresiva de la mecanización en los grandes procesos productivos con la radical de pérdida de la manualidad y sus rudimentarios utensilios, recursos y la tracción animal, sustituidos por una nueva fuerza energética basada en el agua, el carbón, el vapor y posteriormente, la combustión, el motor y la electricidad, supusieron una innovación de tal envergadura por la que con razón se denominó Revolución.
Industrialización
Gigantesco avance que paulatinamente facilitaría la elaboración de múltiples ingenios, mecanismos, instrumentos de todo tipo y modos laborales que mejoraron radicalmente la existencia humana en todos sus aspectos, desde las condiciones de vida, el trabajo o el desplazamiento, con la máquina como paradigma de la industrialización. Importantes consideraciones cuyo profundo y diferenciado análisis corresponde a otras disciplinas.
Toda esta intensa actividad productiva y por tanto económica, desarrollada de forma progresiva con mayor o menor anticipación e implantación en distintos países y regiones, fue originando el anhelo de una vida mejor y el paulatino abandono del ámbito rural y agrario con masivas emigraciones hacia los lugares industrializados.
Consecuentemente, se produjeron novedosos y severos impactos ambientales por los grandes y desordenados asentamientos urbanos periféricos para viviendas junto con importantes construcciones de infraestructuras, medios de transporte, abastecimientos y renovación de suministros públicos diversos, edificaciones para servicios sociales, etc.
A su vez se originaron radicales transformaciones con muy diversos progresos de prosperidad, mejoras higiénicas, asistencias médicas, sociales y laborales. Se instauró el proletariado creando una conciencia de clase que impulsó la solidaridad, un novedoso concepto en la historia que propiciaría la aparición de ideologías reivindicativas con complejos conflictos, huelgas, calamidades y desgracias desconocidas hasta el momento que transformaron y mejoraron la sociedad de la época.
Aparece un nuevo tipo de trabajador, el obrero, más instruido y con mayor conocimiento de sus obligaciones y derechos. Asimismo, surge la intervención de la Iglesia Católica con la encíclica Rerum Novarum en 1891 relativa a la situación de los obreros. En definitiva, crece la esperanza de un futuro distinto y mejor.
Esta otra mirada recorre el amplio y notable patrimonio de creaciones artísticas que la industrialización, la fábrica, la máquina, el trabajo y su principal protagonista, el gran hacedor, el obrero, incluyendo obviamente a la mujer trabajadora, con todas sus circunstancias han legado. Especialmente en las Bellas Artes, mediante el grabado, la pintura, la escultura y posteriormente la fotografía.
Se contempla la colonización de los espacios adyacentes a ríos y consecuentemente próximos a ferrocarriles y caminos, con su fuerza expresiva, donde se generaron extensos recintos fabriles que las empresas procuraron fuesen de calidad arquitectónica.
A su vez mostraban con orgullo sus instalaciones en acciones, catálogos y publicidad en los que incluso el nombre de la fábrica en modo de anagrama y anuncio adquiere un interés simbólico de fácil asimilación y perenne recuerdo.
Testigo pictórico
La representación pictórica de la presencia de la fábrica en el paisaje con sus perspectivas y aspectos concretos de la complejidad, dinamicidad y suntuosidad de sus interiores, la reducida escala del obrero frente a la máquina y la producción, junto a la grandeza humana de su esfuerzo y trabajo fueron recogidas en ocasiones por notables artistas en cuadros, bien con carácter documental o como evocaciones, a veces pesimistas o bien de exaltación. Una faceta poco conocida socialmente pero si reconocida en museos y muy apreciada en colecciones privadas.
Incluso las tarjetas postales de la época denotan una popularidad de la industria como síntoma de progreso y testimonio de autoestima de un lugar. Asimismo, era habitual que, resaltado fundido en la máquina o en una vistosa placa atornillada, se vinculase el nombre de la empresa y el de la población donde ha sido producida como una referencia de prestigio.
Esta evolución social consecuencia de la era industrial introdujo nuevos valores, sistemas de vida y trabajo que considerados con un amplio concepto humanístico y sensitivo crearon una profunda huella de identidad constituyendo una memoria que conviene recordar y divulgar.
Todo ello con el paso de décadas y en algún caso más que el centenario ha adquirido un apreciable valor estético, un sentido moderno de la belleza, constituyendo un destacado patrimonio cultural.

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