Muñoz insiste en que «lo social» debe ser «parte nuclear del camino» soberanista
El Análisis de Coyuntura presentado por Adolfo Muñoz en el Consejo Nacional de ELA sostiene que el soberanismo debería esforzarse en ganar mayorías favorables al derecho a decidir en ámbitos sociales que no son abertzales. También considera que un proceso de estas características debe tener un anclaje social que ofrezca «un país distinto».

Adolfo Muñoz cree que el «dilema» del soberanismo estriba en «cómo es capaz de ganar mayorías sociales favorables al derecho a decidir en ámbitos sociales que no son nacionalistas vascos». Así lo expresa el secretario general de ELA en el Análisis de Coyuntura que ha presentado recientemente en el Consejo Nacional, y al que ha tenido acceso Europa Press.
A juicio de esa central sindical, el proceso soberanista debe basarse en el apoyo a políticas sociales que ofrezcan un país «distinto, que resuelvan los problemas de la gente, un modelo integrador», ya que las políticas neoliberales «no atraen».
Indica Txiki Muñoz que un proceso soberanista «muy complejo y difícil debería identificar las organizaciones favorables al mismo y los temas que se quieren trabajar, garantizando la participación social en el mismo desde su inicio». Además, considera que un proceso de tal calado necesita una mayoría social activa «que lo empuje». «Compartir un eslogan es una parte del mismo; llenarlo de contenido y comprometer a sus agentes principales y a la sociedad es imprescindible», señala, insistiendo que «lo social debe ser parte nuclear del camino».
Ni Escocia ni Catalunya
Respecto a la posición política vasca, Muñoz advierte en su informe de que «no somos ni Escocia ni Cataluña». «No somos Escocia por dos razones: porque España no es Gran Bretaña (no reconoce el derecho a decidir) y porque las instituciones vascas no conciben las políticas sociales como un elemento que refuerza la integración y la identificación con un proyecto de país», explica, para censurar que las instituciones vascas «renuncian a poner las competencias que tienen al servicio de unas políticas más sociales».
El secretario general de ELA recuerda que en Catalunya se concluyó, tras el intento con el Estatut, que con el Estado español «no había recorrido que hacer, que había que comenzar un proceso que partiera de la no supeditación al Estado y ese proceso está en marcha», y lamenta que «aquí no hay proceso ni para un sano autonomismo». A este respecto, tras desta- car que en la CAV el Estatuto Político de los tiempos de Ibarretxe recibió la misma respuesta que el Estatut y recordar que «se metió en un cajón», indica que el entonces lehendakari gestionó un proceso «sin implicación social en el que, por no tener, no tenía el apoyo de su propio partido». «Desde entonces, las legislaturas se suceden una tras otra con las mismas propuestas políticas. No hay proceso, hay involución», concluye.

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