Atasco
La inercia que me empuja impide que me aparte del camino. Vengo de un atasco y me espera otro. En el túnel no hay posibilidad de escapatoria. Detrás un tiempo roto; delante un tiempo quebradizo. Espacio aplanado, con simas y alguna cima pelada. Banderitas, puntos verdes, controles y avituallamientos con publicidad estática y basura estética. No hay presente. Paquetes de abonos, vínculos con lo de siempre y a granel, un futuro hipotecado por un pasado inconcluso. Los poetas nombran a los comisarios. Las bailarinas escriben informes financieros. Los gestores toman pastillas para sus inflamaciones prostáticas. El jeroglífico está trucado, todos saben que dice nada en todas sus ausencias y rendiciones.
Este ataque de optimismo es el que me coloca en el atasco. Todavía espero que mis zapatos lleven alas, que mis sueños sean reglamentos en los boletines oficiales de las instituciones que se desentienden de la realidad cultural. Nada espero de mi caja de ahorros, ni puedo confiar demasiado en mi proceso de rehabilitación para poder acceder sin vómitos a los conceptos neoliberales que tanto insisten en la descapitalización cultural de la ciudadanía a base de proporcionarles las imitaciones y los placebos de mercado.
Un año que es bisiesto por lo que deberemos fiarnos de que nuestro karma nos ayude a sobrevivir en un ambiente cultural confuso, cervantino por aniversario, skakespeariano por costumbre y comercialidad. Buenas excusas para hacerse el moderno con mensajes del más conspicuo pensamiento reaccionario vendido como actual.

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