A un nuevo horizonte por caminos retorcidos
Pese a la existencia de un enemigo común, históricamente resulta bastante habitual que dentro de los movimientos de emancipación nacional se produzcan grandes tensiones, incluso enfrentamientos fratricidas, no pocas veces violentos. Se podría dibujar todo un mapamundi al respecto, desde el caso palestino al vasco. Catalunya no está exenta de esas contradicciones, como ha demostrado estas últimas semanas la alta tensión entre dos polos encarnados por Artur Mas y la mitad de la CUP. Desde este diario y estos editoriales se ha elogiado muchas veces, con motivos sobrados, los avances del proceso independentista catalán, construido con sumas y consensos, con imaginación y liderazgos, con ilusión y determinación. Siendo sinceros, esta última fase no ha constituido un episodio edificante ni un modelo a seguir. Tampoco el acuerdo logrado es algo a subrayar positivamente, sino un mal menor para un bien mayor: conseguir que Catalunya pueda decidir su futuro libremente. El procés supera afortunadamente ese lodazal, pero lo hace con demasiado barro en los pies, un lastre que conviene limpiarse cuanto antes. Con todo, tampoco conviene olvidar que los dos polos citados son solo una parte, sin duda minoritaria, del rico mosaico soberanista catalán.
Por el camino más retorcido posible, el caso es que el proceso ha subido la empinada colina de la investidura y de la oficialización de la hoja de ruta para la desconexión, y ahí aparece un horizonte absolutamente nuevo e decisivo. Resulta previsible que la cerrazón española contribuya a que las aguas vuelvan a su cauce más pronto que tarde; fue impagable el gesto ayer del presidente español, Mariano Rajoy, de salir a amenazar al nuevo president catalán antes incluso de que fuera elegido. Pero sin duda el camino que sigue va a ser duro y difícil para el soberanismo catalán, por lo que lograr una sintonía real –más allá de un enrevesado compromiso escrito– es condición imprescindible. Recuperando la famosa parábola de Telesforo de Monzón, ojalá Maltzaga en catalán se diga Puigdemont.

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