Todos
Miro a la pantalla y veo colocado a Patxi López Álvarez como presidente del parlamento español y siento una vaga sensación de somnolencia. Las personas que se sientan a su diestra y siniestra me configuran un programa mental de juegos perdidos. No puedo opinar sobre esta situación sin consultar con mi abogado espiritual. ¿Hasta dónde hemos llegado? Vivimos inmersos en un programa televisivo global, formamos parte de un público que aplaude y ríe siguiendo los impulsos de unos cartelitos invisible. Nada puede ser más virtual e incomprensible que la política española actual.
En Palma de Mallorca se ha perpetrado uno de esos actos que reducen la credibilidad ciudadana en un complejo entramado institucional en perpetuo estado de corrupción. Para defender a una infanta de España se llega a derribar uno de los pocos anclajes del imaginario colectivo con la necesidad de contribuir al erario público. Asegurar que «Hacienda somos todos» no es otra cosa que un eslogan publicitario, es declarar el estado de excepción fiscal. Lo intuíamos, pero que lo diga nada menos que una abogado del Estado, es devolvernos bruscamente a la realidad. Todos, son unos pocos. En un reino siempre hay privilegios que son intrínsecos a su propia estructura antidemocrática. La herencia jerárquica y machista de títulos y bienes, su insustancialidad práctica, sus poca o ninguna responsabilidad civil. Eso es lo que anuncia, mucha publicidad. Eso sí, en este reino cualquiera puede llegar a presidir el Congreso. En Catalunya su president promete lealtad al pueblo catalán y en España un Rey de sainete espera nombrar de nuevo a Rajoy presidente para que todo siga igual y salvar un concepto, antiguo, muy de Ciudadanos, a la que se adhiere con afición el PSOE: la sacrosanta y bíblica Unidad de España.

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