De debates y espacios de empatía
La izquierda abertzale afronta un nuevo esfuerzo de reflexión y discusión colectiva, «Abian». Más allá de urgencias y preocupaciones, que las hay, cabe destacar la oportunidad de poner en juego neuronas y energías con el objetivo de hacer las cosas mejor en este nuevo tiempo que hemos parido y que también nos obliga a transformarnos.
De las cuestiones concretas ya hablaremos en el propio debate, que para eso está; mi reflexión va más bien acerca de la atmósfera que debemos ser capaces de construir para que este esfuerzo sea lo más fructífero posible. Al fin y al cabo, aunque demasiadas veces lo olvidemos, un colectivo humano unido en torno a unos fines es también un entramado de afectos y emociones. No se trata solo de ideas, razonamientos, argumentos, propuestas, hay mucho más en juego y la clásica y estrecha separación entre razón y emociones nos ayuda poco a entender esta complejidad.
Sospecho que además de ciclos, estrategias, tácticas, formas de lucha, discursos, hegemonías, paradigmas y todos esos artefactos que solemos enarbolar en los debates, no estaría de más pensar en empatía, confianza, respeto, solidaridad, frustración, ilusión, nostalgia… Es posible que algunas de las claves estén, si no en este terreno, sí en su intersección con lo que habitualmente se considera político.
Un movimiento trasformador debe ser un espacio privilegiado para la empatía, la solidaridad, el afecto y la confianza. Y si no lo es, tendrá que preguntarse por qué, tendremos qué preguntarnos si además de debatir, proponer, criticar… estamos siendo capaces de construir y fortalecer ese espacio. Porque además de criticarnos agudamente, cosa totalmente necesaria siempre y ahora imprescindible, tenemos que saber cuidarnos mutuamente. Por muchas razones, entre otras porque la construcción de un mundo más justo exige para empezar que cada cual trate de un modo justo a aquellas personas con las que comparte ese objetivo.

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