Pablo CABEZA
BILBO

Kasernarat escribe su epílogo y proyecta en solitario a Eneritz Furyak

Eneritz Dueso, artísticamente Eneritz Furyak y hasta este próximo viernes componente del trío Kasernarat de Irun, es una joven de 23 años que compone, canta, ilustra y toca guitarra y trikitixa. A pesar de su juventud, la inquietud le ha llevado a participar en numerosos proyectos hasta llegar en 2011 a ser la voz solista de Kasernarat, donde muestra una vital singularidad a la voz y a forma musical. Tras la actuación de este 29 Enerytz Furyak será solista.

Kasernarat se despide este viernes en Hazia Kultur Elkartea (21.00 horas). Han sido cuatro años que ceden dos discos autoproducidos y tan desnudos como henchidos de matices, sugerencias y fondo. El trío presenta “Okerreko bidetik”, su reciente cedé. Seis canciones artesanales apoyadas por un sutil diseño de la propia Eneritz, quien además de exhibir una intuición y formas musicales estimables también muestra buenas dotes para la ilustración, además de sentido poético en letras que encubren la verdad con la suficiente pericia como para que los textos queden libres. “Okerreko bidetik” supera en peso global al disco debut, pero no pierde la conexión.

“Hil artean” es un hit, quizá no trascienda más allá del momento de sus conciertos, quizá no se entere, por desinterés, ningún programador radiofónico, pero quien lo escuche caerá entre sus sílabas y notas, como lo hará con “Bizkar hezurrean” o el desamor de “Okerreko bidetik”. Eneritz Furyak, nombre que ya utiliza desde hace meses para su acción en solitario, toca también trikitixa, y con ella llega la fiesta en “Bizkar hezurrean”, la más dinámica, aunque será la guitarra acústica y su voz –nacida de una de las gargantas más atractiva de la escena vasca en años– quien sea el sujeto de su futuro.

Folk-rock y aire campero recorren tanto la música como su forma vocal, de inflexiones sorprendentes. Voz que sugiere estar labrada para el rockabilly, y que, en cierto modo, subyace en varias de las canciones del trío, aunque, finalmente, todo se acolche entre el terreno del folk, la música de raíz y su personalidad, el mayor valor.

«Aunque hoy en día gane la acústica a la trikitixa, esta vino antes y podría decirse que ha tenido mucha importancia en mi vida. Empecé a los ocho años y gracias a ella he tocado en muchos pueblos de Euskal Herria en fiestas y seguramente los primeros “sueldos” (si puedo llamarlos así) me los gané con ella. De todas formas, hoy en día, mi sitio es otro. A los 14-15 empecé a aprender la guitarra eléctrica con Iñigo Muguruza. No creo que yo fuese una estudiante de guitarra muy ejemplar, pero lo que me interesaba entonces era sobre todo el punk y estuve tocando en un grupo que duró alrededor de un año. Y casualidades de la vida, antes de dejar aquel grupo, o habiéndolo dejado ya, me apunté a un sorteo en la revista “Gaztezulo”. Había que responder de qué grupo era la letra que mencionaban. Y me dije: ‘Vamos a mandar la respuesta a ver qué pasa’. Se trataba de Inoren Ero Ni. Resulté ganadora y el premio era una guitarra acústica azul. Me enamoré de la acústica por mucho que me doliesen las manos. Y los conciertos del inicio de Kasernarat los toqué con esa guitarra, por mucho que la gente no se creyese que la había ganado en un concurso», explica Eneritz Dueso.

De los recuerdos de su niñez o de los desencadenantes para que hoy exista Eneritz Furyak, la vocalista recuerda: «Una cosa que me llama la atención sobre lo que he escuchado en casa gracias a mis aitas, es que, a diferencia de lo que dicen la mayoría de los músicos, yo no he escuchado hasta hace relativamente poco los discos más míticos de rock. Mi padre siempre ha sido un folkie, y a parte de folk, lo que he podido escuchar en casa ha sido clásica y mucha música en euskera. Sobre todo de la quinta de Ez Dok Amairu. Creo que eso tiene cierto peso en lo que hago ahora, pero no me he dado cuenta hasta hace unos años. También tuve la suerte de que mis aitonas me regalasen mi primera trikitixa. No recuerdo haberlos visto más ilusionados nunca. Mi abuelo era compositor y tocaba el clarinete. Pero para cuando yo nací, por desgracia ya no lo tocaba. Se me hace difícil fijar un momento de mi vida en el que realmente empecé a descubrir cosas diferentes, a buscar cosas nuevas y estilos distintos, casi como una enferma. Es raro, pero quizá sea cuando empecé a cantar y componer hace cinco o seis años. No sé si fue primero escuchar y luego empezar a componer o al revés, pero creo que las dos cosas vinieron relativamente en el mismo momento».

Escuchando los dos discos que Kasernarat ha grabado, resulta peculiar que Eneritz comenzara con una banda punk, Astindu Oi! «Yo no sabía tocar de verdad, pero de lo que se trataba era de pasarlo bien y tocar en directo. No sé ni cómo conseguimos once conciertos en un año. No teníamos ni coche, ni material (en mi caso al menos, ya que no tenía ni ampli). Íbamos a los sitios en tren con todos los trastos e intentábamos convencer a algunos padres para que nos recogieran al terminar. Todo era un poco drama y me gané unas cuantas broncas en casa. Hay anécdotas bastante surrealistas que me hacen reír a carcajadas cada vez que las recuerdo». Un año más tarde llegó Kail, un grupo de metal que antes se llamaba Apostasía. Aquel grupo también duró alrededor de un año y fue paralelo al comienzo de Kasernarat. «Lo tuvimos que dejar porque era imposible quedar para ensayar», precisa. Eneritz es también parte de un proyecto «muy interesante» surgido en Azkoitia llamado K.O. Kaktus. Tienen un ep grabado y quizá se edite este año.

Componentes

Kasernarat se estiliza con la delicada y ágil voz de Eneritz, sus brillantes composiciones y sus sugerentes textos, pero también con el apoyo de varios músicos que le han acompañado a lo largo de estos años. Mikel A. Pedreño lleva en el trío desde el comienzo, sobrio músico. Antes tocó en Birracel y con la vuelta de Odio [mítica formación punk] entró a ser parte del mismo, después de que el anterior bajista lo dejara. No obstante, donde ha habido más cambios es en la batería: Ander del Sol, actualmente con Tania de Sousa, tocó hasta 2014. Lo relevó Ion, asimismo de Odio (quien toca además en varios grupos de punk y hardcore). También ha tocado con Kasernarat Mono, de Irazi, Irun, que tiene una larga trayectoria musical.

Y ahora es el tiempo de Eneritz Furyak, quien parte de cero, aunque sin descartar recuperar canciones de su etapa en Kasernerat: «Furyak viene del nombre del blog que tenía hace unos años. Solía sacar fotos de conciertos y escribía crónicas, algún que otro relato, etc. Lo llamé Furyak intentando hacer un guiño a la literatura universal (las Furias o Erineas de la mitología griega –por eso está escrito en plural, y también por acercarlo un poco al euskera utilizando el plural vasco–, la vieja Furia de Alicia en el País de las Maravillas –por eso utilizo la y del inglés-, etc.) y también a algo como es la furia, lo que sale de las entrañas, como puede ser el arte o la creatividad».

Poesía y notables recursos narrativos

Eneritz Dueso escribe en clave poética. Utiliza imaginativos recursos expresivos y estéticos, metáforas visuales incluso desde el desdibujo, asimismo ocurrentes, literarias y con talento directo también para la prosa. Hay poesía, enigmas, dolor, existencialismo, muerte, sangre, tinieblas y... desamores escondidos. Nada frecuente. «Cuando era pequeña escribía poesía (o así lo llamaba yo) y he seguido escribiendo, sean textos narrativos, poesía u otros géneros. También he tenido la suerte de ganar algunos premios literarios. Aunque me gustaría escribir más, no encuentro siempre tiempo, así que, ¡menos mal que tengo la música! Ahí se plasman mis ideas, normalmente las que son más abstractas. Hay pocas canciones que narren una historia con principio y fin, y sobre todo, no me gustan las ñoñerías y las letras fáciles (siempre hay alguna excepción de canciones simplicísimas que se merecen un gran aplauso) que inundan la música actual. Hay músicos con larga trayectoria que solo han utilizado cien palabras en toda su carrera y eso me pone bastante furiosa. Que cada uno haga lo que desee, claro, pero no quiero llegar a ser uno de ellos/as. Para mí las letras son importantes y además me sirven para poder seguir escribiendo y plasmando mis ideas (y de vez en cuando, para desahogarme)».P.C.