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El drama de los refugiados llega al Festival Punto de Vista con «Cortos Sirios»

El Festival Punto de Vista mostró ayer su solidaridad con el drama de los refugiados con la programación de cortometrajes rodados de primera mano por chicas refugiadas en un campo de Jordania.

“Cortos sirios” agrupa siete documentales, de entre 3 y 9 segundos de duración, filmados en 2015 por chicas de entre 15 y 18 años que ofrecen sus visiones del conflicto con «la esperanza» como «hilo conductor», precisó Laura Dogget, la coordinadora del taller de cortometrajes.

«Todas utilizan un lenguaje visual muy interesante», precisó Dogget.

Como anticipo a su sección oficial, el festival exhibe cada día uno de estos cortometrajes para «no ser ajeno a uno de los dramas más actuales que se están viviendo», afirman sus organizadores. «Una vela diaria», apostillaron.

Bushra Al Masri, de 18 años, por ejemplo, ofrece en “The Silence of Nature” tres minutos de silencio por la muerte de un hermano; y Walaa Al Alawi, de 16 años, presenta en “The Girl, Whose Shadow Reflects the Moon” un drama «con dos lunas: Una luna externa que todas las noches se planta en la noche con forma de interrogante y otra luna interna que no le deja dormir ante el recuerdo punzante del camino al exilio».

Para muchas de ellas, la ventana se presenta como «una marca común», simbolizando «su deseo de conectar con el mundo exterior», explicó Laura Dogget, quien comentó que estas chicas «tienen sus sueños, grandes esperanzas y ambiciones y no quieren que solo se vea la parte trágica» de sus vidas.

Los “Cortos Sirios” forman parte de una programación que incluye más de cien títulos, medio centenar de ellos retrospectivas sobre el tiempo, en alusión al décimo aniversario del festival, y de los que 9largometrajes y 8 cortometrajes, procedentes de 14 países diferentes, compiten en la sección oficial. La segunda jornada del festival, la sección oficial incluyó la película de João Paulo Cuenca, “The Death of J.P. Cuenca”, que se exhibió junto a “Lampedusa in Winter”, de Jakob Brossmann.

Cuenca comentó que la película, con la que ha entrado en el mundo del cine, refleja un hecho real ocurrido en 2008, cuando recibió la sorprendente noticia de un fallecimiento con su identidad.

A partir de este «robo de identidad» el autor reflexiona sobre «la crisis de identidad» que a su entender está viviendo su ciudad, Río de Janeiro.

«Hubo una tensión muy grande entre el control y el dejarse llevar», explicó Cuenca, para quien «escribir con imágenes» le ha resultado muy diferente porque como escritor, él sentía que tenía «todo bajo control», sin depender de las leyes de la naturaleza o del presupuesto, mientras que el cine «te da barreras».

No obstante, reconoció que le ha resultado «muy interesante como cineasta jugar con los límites del lenguaje y los procesos del cine».