Francisco
Pequeño, grande o mediano, Nicolás ahora es Francisco; ese personaje que lleva meses ocupando minutos mediáticos está en un momento glorioso. A la vez que le citan para declarar en un juzgado, lo rescatan en GHVIP, de donde fue expulsado con mucho ruido, y “Equipo de investigación” de La Sexta le dedicó un programa entero denominado “Desmontando a Nicolás”, que nos dejó mal cuerpo, se abrieron tantas incógnitas, hay tantas vías de conexión con tantos lugares oscuros que estamos ante un caso que parece no tener fin.
Sospechoso de todas las sospechas, lo cierto es que está en muchos fregados, muchos charcos que van desde los tránsfugas que le dieron a Esperanza Aguirre la presidencia de la Comunidad de Madrid hasta Nigeria, en lavado de dinero, en recalificaciones, en bares y discotecas y ahora en televisión. Un pasado oscuro, un presente vibrante y un futuro tenebroso. Debe tener una capacidad grande para embaucar, para hacerse pasar por otros, y maneja tiempo, dinero, contactos lo suficientemente apropiados como para que haya pasado por todas esas vicisitudes y se mantenga tan dispuesto a exponerse todavía más a los focos televisivos.
En el programa se negaron a llamarle “pequeño” y era Francisco Nicolás, y sobrepasaron la primera lectura de que se trata de un friki televisivo, de alguien con demasiadas ganas de estar en el candelero para poner dudas sobre su propia conexión con los servicios secretos. Quizás se le utilizó, quizás haya tenido un pasaje liviano ampliado por él, pero uno sintió un cierto miedo al ver la cantidad de cloacas que existen y que no conocemos. Las transacciones económicas turbias, los negocios que se fraguan en lugares inverosímiles, los clanes, la corrupción en estado puro, mafioso, camuflada en consulados o despachos de abogados.

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