La economía mundial tiembla bajo un cielo encapotado que amenaza temporal
En medio de una economía global con claros signos de preocupación, se den en China, Japón o Europa, los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20 se han reunido en Shanghai para poner en común una visión y proponer un plan coordinado. Sin embargo, las posturas siguen enfrentadas y los temores aumentan.

Los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales de las mayores economías industrializadas o en desarrollo del mundo terminaban ayer la cumbre del G-20 de Shanghai sin una idea ni un plan claro para hacer frente a la coyuntura más peligrosa desde los peores días de la crisis financiera. Los indicadores emiten señales de preocupación, cuando no de alarma. Así, Europa sigue sumida en un crecimiento muy bajo; Japón está al borde de la recesión; China, el motor del crecimiento en los últimos años, se debate entre una deuda creciente, un decrecimiento en la fabricación y el estancamiento de las exportaciones; Rusia y otros estados dependientes de la venta del petróleo y otras materias primas deben hacer a unos precios persistentemente bajos...
En esta difícil situación, tan necesitada de pensamiento crítico y de soluciones que superen las viejas recetas, el G-20 se afana en identificar y planificar políticas proactivas que puedan ponerse en marcha rápidamente para amortiguar la caída de la economía global que todos dan por hecho. China, país anfitrión y especialmente interesado en restaurar la confianza en su economía, tras descartar nuevas devaluaciones de su moneda, el yuan, apostó por utilizar el déficit en el gasto público como mecanismo para impulsar el crecimiento.
«Zombificar la economía»
En una postura opuesta y expuesta con gran vehemencia ante los líderes de la economía global, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, se mostró contrario a nuevos paquetes de estímulo fiscal para ahuyentar los riesgos. Declaró que «hablar de eso solo nos distrae de las tareas reales que nos ocupan», para añadir a continuación que «no atender a los imperativos de la deuda es el camino seguro para la zombificación de la economía».
La postura de Schäuble, contraria a la de China y EEUU, se interpreta como una muestra de las tensiones existentes y las dificultades de unificar políticas económicas en torno a un acuerdo. La falta de una visión común y de un plan coordinado agrava el sentimiento de decepción entre los inversores y aumenta los temores de una desestabilización aún mayor.

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