Llanto por un cine que ya no abrirá sus puertas
Desde hace años, muchos años, vengo asistiendo al inevitable cierre de las antiguas salas de cine, como una especie de goteo malayo. A estas alturas estoy completamente anestesiado o insensibilizado, por lo que no deja de sorprenderme que la prensa local siga dedicando una especie de obituarios a cada cine que echa la persiana, llenos de nostalgia por el pasado que no volverá. El último caso reciente lo tenemos en Iruñea, donde el inmueble ocupado por un céntrico cine va a ser pasto de la construcción de costosas viviendas.
Eso no solo pasa con los cines, sino con el comercio y la hostelería, que no pueden soportar los intereses de la especulación inmobiliaria y se tienen que trasladar a otros barrios más humildes o a las grandes superficies periféricas. Pero el verdadero cinéfilo no se queda llorando en su casa, ni tampoco le supone ninguna incomodidad desplazarse a donde tenga que desplazarse.
Y si no quiere moverse dispone hoy en día de un sinfín de plataformas que emiten películas día y noche. Seamos realistas, reconociendo que hay obras maestras que ya no se pueden ver en un local de estreno. Hace unos días disfruté como un niño viendo en televisión “La residencia”, esa joya del gótico terrorífico del incomparable Chicho Ibáñez Serrador.

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