Todos y todas estuvieron allí
Amparo, éramos más jóvenes», me dijo una compañera, emocionada. ¡Claro, teníamos cuarenta años menos! Al reconocer esa verdad tan evidente, me pareció que, de pronto, los sueños políticos y las ilusiones militantes, ganadas o perdidas, se cargaban de historia y de una sosegada memoria ante el presente. Me lo dijo en voz baja, en la manifestación por los obreros asesinados, cuando llegamos a la Iglesia de San Francisco, probablemente a escasos metros del lugar donde cayeron los primeros heridos. Allí, donde hace 40 años miles de disparos llenaron Gasteiz de ira y dolor, de muerte y silencio, en este 3 de Marzo de 2016, se reunieron más de doce mil personas. Mayores y jóvenes, mujeres y hombres, jubilados y paradas, estudiantes y sindicalistas, expresos políticos, raperos y hasta algunos viejos rockeros, todas parecían estar allí, atadas a la emoción del recuerdo y a la orgullosa reivindicación de ser trabajadores y no olvidar; a pancartas y discursos que, además de denunciar la impunidad, gritaban contra la precariedad, el paro y la pobreza; exigían trabajo y recordaban la lucha de los cientos trabajadores que hoy, en Euskal Herria, se enfrentan al posible cierre de sus fábricas. No es el mismo tiempo del 76, de acuerdo, pero esta inevitable ilusión que acabo de descubrir me ayuda a sobreponerme al hecho de que soy cuarenta años más vieja.

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