Formalismo y estilo
Kukai bebe, vive, recrea, explota, reinventa la iconografía tradicional vasca. Nos llega ahora en una fusión creativa con Marcos Morau y La Veronal, es decir uno de los coreógrafos contemporáneos más extremos. Hay un adramaturgia que firma Pablo Gisbert, que enmarca. La muerte, el paso del tiempo, la asepsia de un hospital, y allí en un cubo blanco etéreo, los dantzaris, también de blanco, nos conmueven con su evolución técnica, con la ab sorción de elementos y al fabetos escénicos de lo contemporáneo sin abandonar su estilo. Espacio sonoro envolvente y la voz de Erramun Martikorena con una calidez inconmensurable que da una emoción que encontramos deliberadamente ausente en todo lo demás que está presidido por un formalismo asfixiante que se van apoderando de toda la plástica, y que acaba dando señales de que es precisamente ahí donde está lo sublime, lo transcendental de la propuesta.
La simbiosis sufrida por los lenguajes, la transfor mación de todo el espacio neutro en una campo de sensaciones activado por movimiento, luz, sonido, construyendo un mundo onírico, tangible, reconocible pero que a la vez se vuelve evanescente y sin dejar casi rastro nos lleva a otro lugar, a otro estado. Y son las formas, es el estilo, es esa formalidad categórica lo que nos acaba llevando al éxtasis.

Sufrimenduaren zikloa ixteko etxeratzea, gazteenen eskaria

Bilbo se moja por el fin de la «injusta legislación de excepción» carcelaria

«El algoritmo se ha erigido en una arma de guerra»

A Xabi Alonso y al Real Madrid se les rompió el amor de tanto usarlo
