Un pequeño paso hacia la ópera en euskara
El hecho de que la ABAO celebre los 25 años de su programa didáctico con el estreno de una ópera escrita expresamente en euskara –no una traducción ni un popurrí de otros títulos, algo que sí hemos visto anteriormente– se presta a dos reacciones: la alegría de que por fin se apueste por nuestra lengua en un género tan prestigioso como la ópera, aunque se trate de un espectáculo infantil; pero también la incomprensión ante que la ABAO, principal referencia operística de Euskal Herria, haya podido tardar tanto en hacerlo cuando en Gipuzkoa, con medios mucho más escasos, se ha visto ya alguna ópera infantil en euskara en los últimos tiempos.
El euskara en la ópera no es ninguna novedad. La ópera nacional vasca fue un ideal de la Euskal Pizkundea que siguió al final de la segunda guerra carlista. Desde 1890, estreno de “Pudente” de Doneztebe, se crearon más de treinta títulos operísticos cantados en euskara, debido a que, como explica Natalie Morel, se consideraba la ópera «un género noble y prestigioso, que permite unir en un espectáculo total la música, la danza, el euskara y los aspectos visuales y narrativos del país». Se constituyó así «en una de las bases fundamentales de la expresión de la identidad que se manifiesta con fuerza en los primeros años del siglo XX».
A partir de los años 20 la ópera vasca perdió fuerza y la censura del euskara durante la dictadura la remató definitivamente. Autores vascos que pudieron seguir trabajando en el teatro lírico, como Guridi o Sorozabal, lo hicieron con libretos en castellano y solo Francisco Escudero, por encargo de la ABAO, se atrevió en 1967 a estrenar “Zigor!”. Pero aquel hito, junto con un puñado de otras excepciones, no logró revitalizar la ópera en euskara.
El género, en realidad, no interesó demasiado a los compositores hasta los 80 y no se ha puesto realmente de moda hasta la llegada del nuevo milenio. Hoy los principales coliseos del mundo están embarcados en una carrera por presentar nuevos títulos y entre ellos han surgido ya varias obras maestras. Quizá el estreno de “Txanozuritxu” sea un tímido paso para que la ABAO, con una programación muy conservadora que apenas transita más allá del siglo XIX, se modernice y lo haga a través del euskara, una lengua muy afín al canto lírico.

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