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El atentado yihadista en Costa de Marfil confirma que era un objetivo previsible

Las autoridades de Costa de Marfil prometieron aumentar la seguridad tras el atentado que el domingo causó 18 muertos, cuatro de ellos franceses, en la playa y hoteles de la ciudad turística de Grand-Bassam. Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) ya había amenazado a los «cruzados» y, sobre todo, a los países que suministran tropas a la fuerza de la ONU desplegada en Mali. El ministro del Interior, Hamed Bakayoko, reconoció que «las fuerzas de seguridad han frustrado ataques anteriores. Nuestro país es un objetivo hace años». A la vez, analistas aseguran que Grand Bassam –la «capital histórica de la colonización francesa»– no fue un objetivo elegido al azar. «Es una forma de atacar al aliado histórico de Francia en la región», explica el africanista Antoine Glaser, autor de “Arrogante como un francés en África”. «Era el objetivo perfecto para enviar un mensaje contra Francia en África. Es asombroso que no se haya protegido antes», añade. El Ejército francés cuenta actualmente con 600 militares en cuatro bases.

Con esta perspectiva, el ataque era más que previsible, según el analista mauritano Ould Salihi, que opina que AQMI quiere debilitar a los aliados de París para reducir su presencia en Mali y el Sahel, golpeando su economía y los centros con mayor presencia occidental. Por ello, cree que el próximo objetivo puede ser Senegal.

Robert Besseling, director del gabinete Exx Africa asegura que los servicios secretos franceses habían advertido hace al menos un año a Costa de Marfil de que los yihadistas preparaban un ataque contra sus principales ciudades.