Lo mejor para ellas
La primera vez que mi amatxo decidió que no podía más, el divorcio todavía no era legal. La segunda fue en el 87, yo tenía 13 años. Estábamos haciendo recados por Donostia y vi un letrero en un portal donde ponía algo oficial «de la mujer». Le propuse que subiéramos, igual podían ayudarnos. Ella explicó que quería separarse y por primera vez verbalizó la violencia. Cuando le informaron de lo que le correspondía legalmente, dijo que no quería dejarle a él sin nada. Aquella abogada que apuesto habrá aprendido a tratar con cuidado y respeto a las mujeres maltratadas, zanjó con desdén. «¡Tu marido te pega y tú sólo piensas en no perjudicarle! Cuando tengas las cosas más claras, vuelve». Lo consiguió a la tercera.
Hemos movido montañas desde entonces. La más gigantesca: ya no está socialmente justificado golpear, violar o matar a una mujer. Por mucho que nos endemonie, no podremos evitar que ni una más sea asesinada. Esta violencia arraigada y sistémica no acabará de un día para otro. Pero lo que a mí más me frustra es que todas y cada una de las mujeres que han sobrevivido no estén contando con los mejores recursos para reconstruir vidas dichosas y libres de violencia machista. Los mejores recursos que han sido desarrollados desde hace décadas por el movimiento feminista y que estamos desaprovechando.
En Euskal Herria tenemos a Maitena Monroy, la mejor formadora en autodefensa feminista y empeñada además en instruir a más formadoras. ¿Para cuándo academias públicas? Para sanarte tras la violencia machista dentro del vínculo no vale cualquier terapia, en Barcelona están las mejores. Se llaman Tamaia y llevan desde 1992 ofreciendo gratuitamente acompañamiento en la recuperación emocional a cualquier mujer que lo solicite a través de un método que ellas mismas han desarrollado y que enseñan a otras profesionales. ¿Para cuándo las mujeres y sus hijas e hijos que han sobrevivido y a las que sí podemos ayudar contarán en todos los herrialdes con este programa para que puedan seguir adelante no solo sin violencia, también sin agujeros en las entrañas? No sigamos malgastando nuestra propia potencia.

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