Soledad GALIANA
Dublín
LEVANTAMIENTO DE PASCUA DE 1916

CIEN AñOS DESPUÉS, IRLANDA AÚN ESPERA SU REVOLUCIÓN

Irlanda ha iniciado las celebraciones del Levantamiento de Pascua de 1916 entre las críticas a la conmemoración y versión oficial de la rebelión contra los británicos y la consta- tación de que la visión de los líderes revolucionarios sigue vigente cien años después.

Irlanda ha celebrado oficialmente este fin de semana el centenario del Levantamiento de Pascua de 1916. Al margen de la agenda oficial, un tanto restrictiva en términos de participación ciudadana y centrada en una parada militar por el centro de Dublín y ofrendas florales ante los monumentos de los firmantes de la Declaración de Independencia, diferentes organizaciones políticas y culturales prepararon distintos eventos para recordar el significado del alzamiento, sofocado a sangre y fuego tras una semana de revuelta. Un levantamiento fue el germen de la Guerra de Independencia (1919-1921), de la que emanó el tratado de paz que dio origen a la República de Irlanda, constituida por 26 condados de la isla mientras los seis del norte permanecían bajo control británico. La mayoría de historiadores coinciden que aquel alzamiento alentó la conciencia nacionalista irlandesa y animó a otras colonias británicas a independizarse, pero también acentuó la división con los unionistas.

Las críticas tanto de familiares de los líderes del Levantamiento de Pascua como de organizaciones sociales a la agenda oficial de celebraciones se extendió a la perspectiva oficial sobre los acontecimientos históricos de 1916. La cadena pública RTE y dirigentes políticos de la derecha irlandesa apuntan a la falta de legitimidad del alzamiento (¿la invasión británica de la isla si lo fue?) y sostienen que la violencia de la rebelión irlandesa fue innecesaria porque hubieran obtenido la independencia a través de la negociación con el Gobierno británico (que pregunten a Escocia). A ello se une la decisión del Gobierno de Fine Gael, que quería facilitar la demolición parcial del área de Moore Street (que rodea a la Oficina Central de Correos (GPO) de Dublín, uno de los lugares clave del Levantamiento) para construir un centro comercial y que fue paralizada por un tribunal a instancias de un grupo de ciudadanos que cree que los edificios deben ser preservados como monumento histórico. El colofón lo puso una pancarta, promovida por la oficina del primer ministro, con la foto de John Redmond, el político irlandés opuesto a la revuelta que envió a 35.000 irlandeses a la muerte en las trincheras británicas durante la I Guerra Mundial.

Sinn Féin quiso que el aniversario fuera una celebración del republicanismo, y lo hizo con una marcha desde la cárcel de Kilmainham –donde fueron fusilados diecisiete de los líderes revolucionarios– hasta la de Arbour Hill –donde fueron enterrados catorce de ellos–, y a la que los dublineses fueron invitados a participar vestidos de época.

«Por el futuro»

El domingo de Pascua, día de inicio del levantamiento –que en 1916 coincidió con el 24 de abril–, Sinn Féin organizó distintas marchas por toda la geografía irlandesa, una tradición anual del partido republicano. Su presidente, Gerry Adams, diputado en el Parlamento de Dublín, se dirigió a los asistentes de la conmemoración en Belfast, para referirse al sacrificio de los voluntarios republicanos que lucharon y «cayeron no solo por el pasado, sino también por el futuro».

Afirmó que la Declaración de Independencia de 1916 sigue siendo el referente del movimiento republicano. «Es una carta de libertad para todos los habitantes de la isla, que garantiza la libertad civil y religiosa y promueve la igualdad de derechos y oportunidades para todos», sostuvo. «Es una declaración de intenciones sociales y económicos para una sociedad de derecho en la cual el pueblo es soberano», recordó.

Adams señaló que Sinn Féin, a través de sus representantes en Dublín y Belfast, mantiene el principio de la unidad de Irlanda, que «significa la unidad de la gente en esta isla, incluyendo a aquellos que se consideran británicos». Aseguró que es de sentido común establecer cauces de colaboración entre el norte y el sur de Irlanda desde el punto de vista económico, sanitario, energético… y exigió la implementación de los acuerdos firmados desde 1998, exhortando al Gobierno irlandés a presionar a Londres sobre su reticencia a avanzar en el proceso.

En Dublín, la vicepresidenta de Sinn Féin, Mary Lou McDonald, se hizo eco de los ideales de 1916. «Desearía deciros que tenemos la república soñada por Connolly, Pearse, Markievicz y Lynn. Tristemente, no puedo, nadie puede, decir esto», lamentó McDonald, quien criticó las políticas de Fianna Fail, Fine Gael y los laboristas, a las que responsabilizó de «castigar a los más vulnerables y proteger a las élites».