Iñaki IRIONDO
BALANCE DE LEGISLATURA EN LA CAV

Urkullu sobrevuela en un power point sus mil días de gobierno

Hay quien cree que si se convoca a un balance de mil días de gobierno se debe a los gobernados una explicación política de lo hecho y de lo no hecho. Iñigo urkullu, en cambio, optó por comentar un power point y ofrecer un vídeo sin voz. Arrancó una ovación final de los suyos.

Entró puntual al atrio de Lehendakaritza y con la chaqueta puesta, acorde a un auditorio de altos cargos de su Gobierno compuesto en un 70% por hombre, la inmensa mayoría de ellos vestidos de traje y corbata. De las más o menos 225 personas asistentes, las mujeres eran unas 70, a pesar de que la Ley de Igualdad exige una «representación equilibrada» en los «órganos directivos y colegiados» de los poderes públicos. Se había abierto un claro en el cielo, el sol entraba por el techo acristalado y pegaba con efecto invernadero en el punto donde el lehendakari tenía que tomar la palabra. Así que Iñigo Urkullu se quitó la chaqueta y, mientras sonreía, se remangó la camisa ante las cámaras. Quizá fue un gesto ensayado. La víspera, en twitter, ya se presentó en mangas de camisa en el vídeo de la preparación del acto. Sea como fuere, las primeras crónicas lo destacaron, sin hacer referencia al calor, sino a una puesta en escena «americana». Americana o no, en la sobreabundancia de hombres se detecta un machismo pertinaz pese a las leyes; y en tanto traje y corbata, un componente de clasicismo clasista no resuelto todavía.

Un clasismo quizá subconsciente que marca el discurso de este lehendakari. Por ejemplo, cuando Iñigo Urkullu afirmó que estos «han sido años difíciles» añadió que lo habían sido «para la sociedad vasca», que se supone que es el término genérico, y después concretó que para «las empresas vascas» y para «las instituciones». Los trabajadores y, no digamos ya los desempleados, no merecieron ninguna especificación.

Balance complaciente

Para hacer balance de estos mil días de gobierno el lehendakari podía haber optado por un pleno parlamentario o por una rueda de prensa con preguntas, pero eligió un auditorio compuesto por los consejeros, vice- consejeros, asesores y altos cargos de su Ejecutivo, que le deben el puesto y que se supone que ya saben qué es lo que están haciendo. Y se lo explicó con una presentación en power point, como en un trabajo de clase de Secundaria, aunque con micrófono de corbata.

Así contó que el programa de gobierno estaba ejecutado en más de un 90%; que las 629 iniciativas comprometidas están en marcha; que los objetivos de déficit se cumplen (aquí hubo una carga política de profundidad: aseguró que los cumplen porque les han sido impuestos pero también para que en la UE vean que una comunidad autónoma «con un autogobierno singular» es rigurosa en la aplicación de las imposiciones. «Siervos sí, pero formales», vino a confesar); que el 100% de los planes estratégicos está en ejecución; que la cohesión social está garantizada con las políticas sociales; y que hay más competitividad y crecimiento.

En el power point no entraron los intangibles, como que dos de las principales apuestas del lehendakari, la Ponencia de Paz y la Ponencia de Autogobierno, estén en dique seco por decisión política del PNV.

Los números sí engañan

Iñigo Urkullu se apoyó en los números para su balance, pero eligió los que le convenían. Por ejemplo, para demostrar que el lema de «Compromiso con las personas» se ha cumplido, ofreció el dato de que en 2012, último ejercicio de Patxi López, se presupuestaron 6.394 millones de euros para Salud, Educación y Servicios Sociales, y este año se han presupuestado 6.542. Claro que se le olvidó mencionar que aquella cifra de 2012 era el 61,2% del total del presupuesto del año, lo que en 2016 él ha bajado al 59,8%.

También ofreció una bonita línea ascendente de la variación interanual del PIB de la CAV, que escalaba del -2,7 del primer trimestre de 2013 al 3,1 del final de 2015. Pero es que esa misma línea, en el Estado español, va del mismo -2,7 inicial al 3,5 de diciembre pasado. Es decir, los datos de Iñigo Urkullu son peores que los de Mariano Rajoy.

Miremos al empleo. El balance del lehendakari destaca que entre marzo de 2013 y marzo de 2016 hay «30.000 personas más afiliadas a la Seguridad Social» y 24.405 menos registradas en Lanbide como paradas. Pero no es menos cierto que, según los datos del Eustat, la tasa de paro en el primer trimestre de 2013 era del 13,3% y a finales de 2015 (último que se ofrece) subía al 14,5%.

¿Microacuerdos de paz?

En materia de «Paz y Convivencia» destacó el lehendakari el programa de trabajo con 18 iniciativas. Habló del final ordenado de la violencia, con sus propuestas de desarme, política penitenciaria y reflexión crítica del pasado (que no ha conseguido acordar con nadie), de la política de víctimas, de los logros en la memoria (salvo la ley de víctimas de la violencia estatal que tampoco se aprobará) y de la cultura de la convivencia.

Pero si alguien quiere repasar cuáles eran los «retos estratégicos» de la legislatura en esta materia, recordará que los formaban la consecución de «microacuerdos» entre los grupos parlamentarios sobre el pasado, el presente y el futuro, una tarea que se sabía difícil pero que se lograría trazando «un camino realista, transitable y finalmente efectivo». Pues bien, no se ha conseguido ninguno de los tres microacuerdos previstos y no podrá Lehendakaritza aducir que haya sido por culpa de EH Bildu, sino que habrá de reconocer que se ha debido al boicot inicial del PP y al miedo al abismo que le entró después al PSE, combinación que el PNV consintió que se transformara en la defunción de la Ponencia de Paz y Convivencia.

¿Y la consulta en 2015?

En lo relativo al nuevo estatus político, el power point del lehendakari subraya que se creó la Ponencia de Autogobierno el 19 de setiembre de 2013, en la que ha habido 27 comparecencias y ha pedido al Gobierno 8 informes que le ha remitido.

Pero no fue eso lo que se prometió. El PNV ganó las elecciones ofreciendo que «a propuesta del próximo Gobierno Vasco, se constituirá una Ponencia parlamentaria sobre el futuro del autogobierno» y que «elaborará un texto articulado que será remitido para su aprobación por la Cámara». Y que, por último, «el resultado del proceso –el año 2015– será sometido a refrendo popular».

Al pasar esto al programa de gobierno, se perdió la fecha y el término refrendo. Y a la hora de la verdad, como se vio ayer en la reunión de la ponencia, se ha permitido que todo quede en nada. Porque la Ponencia no se creo en la fecha que ayer dijo en lehendakari (eso fue cuando él habló de ella en un Pleno de Política General), sino que el PNV la registró el 26 de diciembre de 2014, cuando llevaba ya más de un año en el Gobierno, la aprobó junto al PSE dos meses después y la han tenido dormitando hasta ayer mismo entre comparecencias y presentaciones que ya se sabía que no iban a ninguna parte.

Retos 2020 ¿precampaña?

Y finalmente, el nuevo estatus vuelve a postergarse como reto para el 2020, es decir, para el próximo cuatrienio, al igual que el paro inferior al 10%.

Insistió Iñigo Urkullu en que el de ayer no era un acto de fin de legislatura. «Todavía hay mucho por hacer», aseveró. Y quizá por eso, ofreció al final y dejó luego en Irekia un vídeo que no ofrece ni un solo dato y que tiene un inconfundible aroma preelectoral.

 

Pausa en la ponencia de autogobierno

Iñigo Urkullu prometió su cargo de lehendakari el 15 de diciembre de 2012. Hasta un año después, su partido no registró en el Parlamento la propuesta de crear una ponencia de autogobierno, que se aprobó con el apoyo del PSE el 20 de febrero de 2014 y que no tuvo su primera reunión hasta el 9 de abril. Aquel día, PNV y PSE acordaron un calendario que hacía que la Ponencia estuviera un año, hasta las elecciones de mayo de 2015, en una fase de escuchar a comparecientes. Los grupos se volvieron a reunir el 29 de octubre de 2015 acordando que cada cual presentara su propuesta. Dieron de plazo hasta después de las elecciones del 20 de diciembre, pero se alargó a enero de 2016 por petición del PP.

Desde mediados de enero hasta ayer, los grupos, de menor a mayor, han estado desgranando sus propuestas al resto. Ayer concluyó esta fase con las explicaciones que ofreció PNV.

¿Y ahora? Y ahora, nada. Han apretado el botón de «pause». La ponencia solo se reactivará si dos o más grupos hacen una propuesta conjunta de acuerdo de mínimos. Una metodología muy alejada de la que, durante el mandato de Juan José Ibarretxe, entre 2002 y 2004, dio lugar a que hubiera comparecencias, un acuerdo de bases, se redactara un nuevo estatuto, lo aprobara el Parlamento y lo rechazara Madrid.I.I.