TURISMO, FOTOS, EMBAJADORES DEL BASKET Y PREPARACIÓN PARA LO BUENO
LA FINAL FOUR VISTE SUS PROPIOS ROPAJES, MIENTRAS QUE UNA CIUDAD COMO BERLÍN TIENE SUS PROPIOS ATRACTIVOS. UNA MAñANA DE TURISMO POR LA CIUDAD DABA PIE A UN MEDIODÍA CON LEYENDAS DEL BASKET EUROPEO EN LA FAN ZONE, UNA SUERTE DE LENTO «CRESCENDO» A LA ESPERA DE LA HORA DE IR AL MERCEDES BENZ ARENA Y DESATAR LA PASIÓN.

Eran las 13.00 en el «Baskonia Etxea». Los Gigantes tomaban posiciones, mientras la txaranga apuraba el generoso sol berlinés antes de ponerse a darle de nuevo a su repertorio de infalibles hits. Nada hay como la predisposición para animar a aficionados de múltiples edades, e incluso edades múltiples, muchos de ellos llegados ayer mismo desde Euskal Herria a modo de «refuerzo», todo ello con la alucinada mirada de unos cuantos aficionados del Fenerbahçe, que le daban contraste gualdinegro al rojo baskonista.
Pero para llegar hasta el mediodía, había que pasar la mañana, y 96 horas de Final Four, sin dosificación, acaban por ser muchas. Por fortuna, Berlín da para horas –y horas, y horas...– de distracción, sea en modo espontáneo u organizado. Autobuses guiados, rebaños de aficionados caminando de acá para allá, guías que ofrecen sus servicios en todos los idiomas imaginables –en euskera no, aún– mientras que grupos y más grupos se entrecruzan, adivinándose en saludos, sonrisas y colores que más tarde volverían a coincidir, aunque lejos de la Alexanderplatz, la Puerta de Brandemburgo, la Topografía del Terror... sino en el Mercedes Benz Arena, previa foto al famoso mural del beso entre Brezhnev y Honecker, un curioso tramo superviviente del Muro de Berlín a un paso del recinto baloncestístico berlinés.
«Hay que guardar la voz», se resguardaban unos aficionados en el techo descapotable de un autobús amarillo de dos pisos ante las insistentes peticiones del guía, que cada cuarto de hora recordaba a la hinchada de rojo que «a ver si se nota la afición del Baskonia».
Encaminarse por Checkpoint Charlie hacia el Unter den Linden propicia una visita turística aprovechando la agradable mañana soleada, con pespuntes de un aire bien agradable.
Leyendas y «One Team»
La Fan Zone de Alexanderplatz se fue engalanando hacia las 11.30, con el One Team Legend Session, una suerte de exhibición baloncestística entre 20 jovencitos, dentro del programa One Team, implementado por el Alba Berlín, todos ellos de la escuela Gesundbrunnen-Grundschule, sita en una de las zonas más degradadas de la capital alemana.
Junto a los jóvenes jugadores locales, la Euroliga designaba un puñado de «Embajadores»; exjugadores de renombre a nivel europeo, como Theo Papaloukas, Ramunas Siskauskas, Ibahim Kutluay, Matjaz Smodis o Nikola Vujcic, con el exjugador alemán Patrick Femerling ejerciendo de «Embajador Local», con un total de 12 Euroligas ganadas entre todos ellos.
«Iniciativas como esta le dan a los niños un día divertido, un día que quizá no olviden en su vida», reflexionaba Theo Papaloukas, antiguo «villano» para la hinchada baskonista, aunque en la jornada de ayer, ya con el hacha enterrada, ofrecía una sonrisa para sacarse fotos también con los fans de un rojo ajeno a su CSKA de Moscú.
«Estas iniciativas acaban por ser un recuerdo imborrable para los niños, porque los hace partícipes. Es realmente una gran idea», remachaba por su parte el lituano Siskauskas.
Nos quedamos sin kalejira
Con el correr de las horas, el Alexanderplatz iba ganando vida y colorido baloncestístico. Algún despistado con los rojos y verdes del Lokomotiv Kuban, muy pocos del CSKA de Moscú, un buen puñado del Fenerbahçe y baskonistas a tutiplén.
La idea de este segundo día en el «Baskonia Etxea» era extender su propia «Fan Zone» a lo largo del Alexanderplatz. Una lástima que la autoridad competente no diera su visto bueno a esa iniciativa. ¿Cabezas cuadradas los llamaban?
Sea como fuere, el gualdinegro otomano no resistía la tentación de asomar el hocico al punto de encuentro baskonista, más concurrido y animado que el jueves; mucho más bailarín y saltarín, aunque fuera en sentido circular. Era un medio día largo, ideal para, después de comer, dejar la condición de turista y ponerse el modo de aficionado. Tocaba un gran partido.

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