Camaleón germano rompe moldes
Alemania pasó a semifinales y acabó con su mala racha frente a Italia, aunque lo tuvo que hacer en una agónica tanda de penaltis.

ALEMANIA* 1
ITALIA 1
Nunca ha vencido Alemania a Italia en competición oficial y tampoco lo logró ayer, aunque recibió el magnífico consuelo de pasar a semifinales después de protagonizar con los transalpinos un encuentro táctico a más no poder, que se decidió en una tanda de penaltis marcada por los nervios y los errores por ambos bandos, además de la decisiva parada final de Manuel Neuer al lanzamiento de Darmian.
El enfrentamiento entre dos de las selecciones más laureadas del mundo se planteó como un duelo Karpov-Kasparov. Mucha estrategia y pizarra, tanta que hasta los actuales campeones del mundo variaron su sistema –algo inhabitual– y calcaron el del rival. Joachim Löw no tuvo reparos en dejar a Draxler en el banquillo y sacar a Kimmich como lateral derecho para que Höwedes pasase a conformar un trío de centrales junto a Boateng y Hummels. Como resultado, mucho centrocampismo y pocas llegadas.
A buen seguro, el encuentro se analizará por las escuelas de entrenadores, pero para el aficionado en general, máxime después de ver el apasionante Gales-Bélgica del día anterior, fue bastante más decepcionante. Al menos en sus compases iniciales, donde la presión mutua derivó en continuos parones, mucho toque sin riesgo alguno y demasiadas precauciones como para temer por que se moviese el 0-0. A Alemania, además, se le complicaron las cosas en la medular, al tenerse que retirarse lesionado Khedira al cuarto de hora.
Así las cosas, la primera parte solo se aceleró en su vertiente final, como si el desgaste físico ya comenzarse a hacer mella antes de irse a vestuarios. Mario Gómez se adelantó a la defensa transalpina para conectar un potente cabezazo que se marchó fuera y el gafado Müller, en posición inmejorable, fue incapaz de firmar un remate con la potencia y precisión suficiente como para inquietar al aburrido Buffon.
La réplica azzurri llegó de un Giaccherini que, rozando el fuera de juego, rompió la zaga teutona y cuyo peligroso centro no encontró rematador en primera instancia, aunque el balón acabó llegando a las botas del novedoso Sturaro, quien se sacó un derechazo que rozó en un defensa evitando males mayores para los intereses alemanes. El cuadro germano había ejercido de dominador durante muchos minutos, pero eso no significó, ni mucho menos, que Italia sufriera.
Italia tiene siete vidas
Sí padeció más en la reanudación, pero Italia siempre tiene siete vidas. Alemania apretó más arriba y llegó con mayor criterio a los dominios de Buffon. Müller volvió a aproximarse a ese gol que tanto ansía, como preámbulo del 1-0. Tal y como discurría el choque, solo errores individuales podían desequilibrar la balanza y llegaron a partes iguales.
Primero con un Sturaro que perdió la marca de Hector, para que el lateral zurdo germano pusiese un buen balón goloso a la llegada desde atrás de Özil, que solo tuvo que fusilar. El tanto le sentó fatal a los transalpinos, pero los de Löw no terminaron de cerrar el partido con un taconazo de Mario Gómez al que respondió Buffon con un paradón.
Italia siempre resucita y, en una de sus llegadas, provocó el penalti tonto de Boateng, con unas manos innecesarias. El camino a la prórroga estaba cantado. Media hora más en la que Alemania propuso más, pero el respeto mutuo y las constantes interrupciones derivaron en una tanda de penaltis en la que los germanos dispusieron de Neuer en la portería.

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