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El nuevo presidente rusófilo agita la escena política en Bulgaria

Bulgaria ha entrado en un terreno incierto tras la elección de un nuevo presidente, Rouman Radev, exjefe del Ejército del Aire, con un discurso de afinidad con Rusia, y la dimisión del primer ministro, Boiko Borissov, dos años antes del fin de su mandato. El adelanto de las legislativas parece inevitable. Aunque el nuevo jefe de Estado no entrará en funciones hasta el 22 de enero, se esperan sus primeros pasos en la escena europea, tras la voluntad manifestada de acercarse a Rusia. Su victoria con casi el 60% de los votos fue un varapalo al primer ministro.

Refleja un contexto internacional marcado por la voluntad de cambios, según el director del instituto Gallup, Parvan Simeonov, que recuerda el colapso de las autoridades tradicionales en Europa occidental o la elección de Trump en EEUU.

Pero para el politólogo Antoniy Todorov, las competencias del presidente búlgaro, limitadas a comandar el Ejército y representar al país en el exterior, no aseguran un vuelco en la política exterior, «porque el presidente no tiene esos poderes».

Para Evgueni Daynov, del Centro de Prácticas Sociales, «las declaraciones del general Radev han sido sobreinterpretadas» y el nuevo presidente tiene «un razonamiento proeuropeo y proatlántico». «La pertenencia de Bulgaria a la UE y a la OTAN no tiene alternativa, eso no significa que nos debamos declarar enemigos de Rusia», afirmó en campaña.

Radev se ha comprometido a trabajar para eliminar las sanciones de la UE contra Rusia. Su elección es «la materialización de un escenario prorruso» y un triunfo para Moscú, según el politólogo de la Nueva Universidad Búlgara Antony Galabov.