KRAFTKAR, O EL MEJOR QUESO DEL MUNDO
UN QUESO AZUL, PERFECTO CON SUS PEQUEñAS IMPERFECCIONES Y SURCOS ENMOHECIDOS ES EL MEJOR DEL MUNDO. SE LLAMA KRAFTKAR Y ES NORUEGO. EL PASTOR GUNNAR WAAGEN NO ACERTABA A ARTICULAR PALABRA; LAS LÁGRIMAS DE ALEGRÍA SE LO IMPEDÍAN. EL WORLD CHEESE AWARD FUE UNA FIESTA DE PRINCIPIO A FIN.

«¿A qué esperas? ¡Saboréame!», exclamaban los 3.061 quesos provenientes de los cinco continentes que libraban una pacífica batalla por ser el mejor del mundo. Finalmente, el premio gordo, el World Cheese Award, viajó hasta las fríos pastos de Noruega. El queso azul Kraftkar que elabora Gunnar Waagen en su granja de Tingvoll, un pequeño pueblo del centro del país, anotó 71 puntos de un máximo de 75. Casualmente, fue el último queso de los 16 que se degustaron en la criba final, así que cuando el último juez en emitir su voto mostró públicamente su puntuación, eufórico y sin poder contenerse en su asiento, se levantó, gritó y alzó los brazos. Lloraba de alegría y poco acertó a expresar. Destacó el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de sus quesos que elabora desde hace diez años. «Me acuesto muy tarde y me levanto muy temprano. Solo puedo dar las gracias», decía ante decenas de medios y cámaras.
El objeto de deseo era una pieza artesana de 700 gramos curada durante un año, como un queso «bastante espeso, con venas azules solidificadas y un moho que se ha desarrollado y distribuido muy bien» y con una textura «formidable, incluso crujiente».
El palmarés estuvo reñido, porque tanto el segundo como el tercer puesto fueron compartidos. Justo detrás del vencedor quedaron Cala Blanc (Menorca) y Cremositos Del Zújar (Extremadura), empatados a 67 puntos, mientras que la tercera posición fue para Oveja Grazalemeña (Andalucía) y Gorgonzola Dolce (Italia), empatados con 64 puntos respectivamente.
Esta vez ningún queso de Artzai Gazta pasó a la gran final, pero rozaron la fase de oro con la yema de los dedos porque las queserías Baztarrika de Gabiria y Baskaran de Markina fueron galardonados con sendos “Super Oro”, la máxima distinción que en la fase matinal un juez podía otorgar.
Sexy, incluso erótico
El concurso arrancó a las 10.00, cuando se formaron los grupos de jueces; personas que no se habían visto debían deliberar y razonar. El queso se cogía, se tocaba, incluso se acariciaba, porque la corteza también es importante. Gusto, tacto, aroma, sabor, el poso que deja en boca… seriedad y concentración máxima.
El tono cambió en la fase final, donde se dejaron las tensiones fuera. Ambiente agradable, muy distendido, amigable… y es ahí donde una se da cuenta de que si existe la reencarnación desearía convertirse en una juez suprema de quesos. Con los quesos se viaja hasta los mismos pastos, y se aprende que el mejor queso es aquel que se desea disfrutar a cualquier hora y cualquier día porque logra erizarte la piel. A propósito, también se aprende que un queso puede ser sexy, incluso erótico, y que es posible enamorarse de uno de ellos. Doy fe.

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