Por el camino de una reflexión sobre la condición y la vocación
Muchas veces las intenciones, la base teórica, el fundamento de una creación artística es impecable, pero en su desarrollo y en el espacio que se ofrece se puede perder y opacarse. La auto-ficción de Rakel Ezpeleta, que además forma parte de su trabajo de tesis doctoral, parece tener en su concepción todos los elementos básicos para crear unas expectativas altas, desde su título, esa referencia al exilio, un lugar donde se deben utilizar otros idiomas, convivir con otras costumbres, otras culturas, hasta esa indagación en la identidad a través de una narración de una actitud sobrevenida, de un deseo, de un destino: ser artista partiendo de un ambiente familiar y social que lo ve como algo extraño, como una cuestión extravagante, sin futuro.
Rakel Ezpeleta mezcla la narración lineal y la expresión más codificada, la parodia y la sublimación poética. Un cruce de estéticas que no siempre logra funcionar en el nivel esperado. Recurre a su capacidad física y vocal, a lo musical como una manera de conexión no solamente con su realidad, sino con una frecuencia del mundo del espectáculo más reconocible, menos exigente para amplias capas de espectadores. Es significativa la mirada fémina. Es apreciable su compromiso, sus ganas de implicar lo cotidiano con lo trascendente.
Es un trabajo en construcción, una propuesta reflexiva con puntos metateatrales que funcionan en la dramaturgia como conexiones con un discurso muy matizada de alguien que considera su vocación como una manera de estar en el mundo.

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