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LA OLA DE FRÍO POLAR EN EUROPA, OTRA NUEVA AMENAZA PARA LOS REFUGIADOS

La ola de frío que afecta a Europa desde el pasado fin de semana, con temperaturas polares, y ha provocado ya al me- nos 38 muertos por hipotermia, se ha convertido en una nueva amenaza para los refugiados y transformado en aún más insostenible su situación.

La ola de frío procedente de Escandinavia que afecta a Europa ha provocado la muerte de al menos 38 personas, la mayoría en Polonia, aunque ayer comenzaba a remitir a pesar de que las previsiones anunciaban todavía valores bajo cero para los próximos &bs;días. Además, las temperaturas polares de los últimos días han hecho aún más insostenible la situación de los miles de refugiados que afrontan las duras condiciones en los campamentos de las islas de Grecia, donde se han llegado a registrar 15 grados bajo cero, las decenas que se encuentran atrapados en la frontera entre Serbia y Hungría, con valores de hasta 20 grados negativos, así como los de Turquía.

La mayoría no disponen de nada más que una tienda de campaña para intentar protegerse del intenso frío y la nieve y sobrevivir en los campos de refugiados de Lesbos, Moria y Atenas, en Grecia.

La isla de Lesbos amaneció cubierta por la nieve y el campo de refugiados de Moria intentaba subsistir a la falta de todo, y ahora también a las bajas temperaturas. El domingo, varias ONG presentes allí se quejan de que no disponen de los medios adecuados para que los refugiados puedan calentarse y que las autoridades no están facilitando los medios. El Ministerio griego de Inmigración contestó que todos los centros de acogida están adecuadamente equipados para hacer frente a la ola de frío.

En Moria, «más de 2.500 personas viven en tiendas, sin agua caliente ni calefacción, incluidos niños, mujeres y personas minusválidas», afirmó Apostolos Veizis, un responsable de la Médicos Sin Fronteras (MSF). Dejarlos expuestos al frío «es una desgracia», arremetió Veizis, denunciando tanto el abandono del Gobierno griego como la política europea de bloqueo fronterizo.

Es el caso también de las más de 300 personas que se encuentran en Samos, más al sur, así como de los refugiados boqueados en Kos, Leros y Quíos, dada la ola de frío fuera de estación en dicha área.

La situación requiere más fondos y más atención por parte de las autoridades antes de que el drama que viven se convierta en otra tragedia enorme y de que el frío termine con la vida de los más vulnerables.

Según Efi Latsoudi, un voluntario de la ONG Lesvos Solitdarity, en declaraciones a la agencia de noticias turca Anadolu, «la situación en estos momentos es dramática. Muchas tiendas de campaña colapsaron como consecuencia de las fuertes nevadas. Han distribuido unas 200 tiendas nuevas, sacos y mantas pero no creo que dure mucho».

A pesar de que en diciembre se llevaron a cabo labores de acondicionamiento de varios campos de refugiados de cara a la llegada del frío invierno, esta ola de frío ha colapsado las precarias instalaciones.

Las dramáticas imágenes llegaron a Bruselas, donde la Comisión Europea dijo que la situación de los refugiados es insostenible, pero se limitó a señalar que es responsabilidad del Gobierno de Atenas, que debe garantizar una asistencia adecuada a los inmigrantes y contar con «infraestructuras adicionales de acogida» en las islas.

Dos inmigrantes iraquíes y un somalí murieron en la frontera de Turquía con Bulgaria, azotada también por la ola de frío.

«Nadie nos ayuda»

En otra frontera, la que comparten Serbia y Hungría, decenas de refugiados asiáticos, afganos y paquistaníes, algunos con niños, permanecen acampados en tiendas improvisadas con temperaturas gélidas de hasta menos 20 grados centígrados. Forman parte de los 7.000 procedentes de Asia y Oriente Próximo que se encuentran varados en Serbia. Los campos de refugiados están llenos y solo se permite entrar a mujeres y niños, lo que lleva a los hombres a buscar cobijo donde pueden.

Quienes se encuentran en las tiendas de campaña pueden considerarse afortunados, ya que están cerca de una fila no oficial administrada por los propios refugiados para presentar una solicitud de asilo en uno de los dos puntos de paso reconocidos a Hungría, Horgos y Tompa. Pero el brutal temporal de frío les hace pagar un alto precio.

Sus improvisadas tiendas, forradas con mantas, son caldeadas solo con brasas introducidas en el interior al caer la noche. Muchos niños deambulan con delgadas sudaderas y zapatillas. «La gente esta sufriendo y hay muchas infecciones respiratorias», denunció MSF.

En Serbia, la temperatura más baja se registró el domingo en Sjenica, en el sureste, con -33 grados. En su capital Belgrado, decenas de refugiados bloqueados por el cierre de la «ruta de los Balcanes» se refugiaron en un depósito abandonado, con temperaturas de 15 grados bajo cero.

«Es muy duro, sobre todo de noche», afirmó Niamat Jan, un adolescente afgano de 13 años. «Espero desde hace tres meses y no sé cuándo podré continuar mi viaje», añadió.

Estos refugiados rechazan alojarse en los centros de acogida oficiales por temor a ser devueltos a los países desde los que entraron en Serbia. «Nadie nos ayuda, hace mucho frío y me pregunto cómo soportaremos esta situación», lamentó Ismail Jikimi, otro afgano de 16 años.