Justo
Tengo ganas de preguntar con los ojos en blanco: ¿cuál es el IVA de los espectáculos en vivo, el cine y otros fenómenos culturales de consumo consuetudinario? La respuesta me llega condensada en improperios y jaculatorias, pero lo cierto es que este asunto ha salido de la agenda. ¿Se quedará en el veintiuno por ciento? Probablemente se bajará, cuando les dé la gana, al diez por ciento. Y eso que se presentará como un logro, como un alivio, como una media solución que no incorporará ni un espectador más a las salas de teatro, danza o música.
El precio de las entradas a estos espectáculos en vivo no se pueden considerar caras. Si comparamos el impuesto del valor añadido con otros países de nuestro entorno, deberíamos también incorporar en esa comparación el precio de las entradas y algo más importante, el poder adquisitivo de los salarios y todavía mucho más, el nivel cultural con el que sale la mayoría de la ciudadanía de sus estudios. Por lo tanto para hacer sostenible estas prácticas culturales con un cierto sentido de libertad democrática, hay que pensar en introducir en todo el proceso educacional estas materias para que interesen desde niños y formen parte de la manera de ser e identificarse de manera colectiva.
Reclamemos el reparto justo de los gravámenes para realizar estas actividades pero dentro de un contexto de implementación de políticas culturales de largo recorrido.

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