Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Como perros salvajes»

Paul Schrader como incitador del placer culpable

No tengo problema en admitir que “Dog Eat Dog” no es una buena película, así que, dicho esto, me toca explicar y justificar la alta puntuación que le doy con sumo gusto. Bastaría con apuntar que delante y detrás de la cámara se encuentran auténticos mitos cinéfilos, pero la mayor razón de peso es que no se me ocurriría ningún otro ejemplo mejor de lo que significa en esencia el “placer culpable”. A la plena identificación generacional con la carrera del veterano cineasta Paul Schrader, al que he seguido desde los años 70 guion a guion y realización a realización, se suma su concepto calvinista de la moral que hay detrás de los personajes de su obra, siendo todos ellos mala gente que vive un particular descenso a los infiernos en conflicto con la lucha por su redención. Así que este señor sabe cómo hacernos disfrutar con el mal cine vocacional que en el fondo supera con creces a creaciones de autor mucho más pretenciosas.

A sus 70 años Paul Schrader está en su derecho de divertirse haciendo cine, porque para un talento como el suyo tener que andar peleándose con la industria no es de recibo. Tanto se lo ha pasado en grande con sus amigotes Nicolas Cage y Willem Dafoe, que hasta se ha permitido unirse a la fiesta interpretando el papel secundario de El Griego, y en verdad que no desmerece de sus locos compañeros de reparto. Juntos y revueltos homenajean como se merece al gran Edward Bunker, adaptando su novela homónima de 1995, escrita por lo tanto poco después de encarnar a Mr. Blue a las órdenes de Tarantino en “Reservoir Dogs” (1992).

Edward Bunker fue un claro caso de delincuente redimido por la literatura y el cine, ya que en su juventud compartió celda con Danny Trejo. Son tipos que han vivido lo que escriben o representan, lo que ayuda a creerte las cosas terrible y violentamente absurdas que pasan en “Dog Eat Dog”.