Amenaza fantasma
Los antisistema eran antes los anticapitalistas, los movimientos contrapoder, los rojos, los anarcos, los separatistas, los disidentes y los perroflautas. Pero ahora que ya estamos en la era digital donde la virtud se ha transformado en virtual, los antisistema son otros. Lo es Trump, que ha convencido a millones de votantes de que él no es un padrino del régimen capitalista sino su antídoto. Lo mismo intenta reproducir Marine Le Pen, que a este lado del Atlántico simula escupir la mano neoliberal que le ha venido dando de comer desde hace décadas.
Y cuando menos nos lo esperábamos, François Fillon, ejemplo finísimo de la reaccionaria burguesía capitalina, capitalista y ultracatólica francesa, se nos acaba de descubrir, él también, como antisistema. A punto del colapso sistémico por el escándalo de los empleos ficticios en los que están implicadas su mujer, hija e hijo, el vencedor de las primarias de la derecha a las presidenciales se dice víctima de un complot... del sistema. Y por ello, asegura, no sólo no renunciará sino que su candidatura se alzará en la lucha contra este monstruo de dimensión mundial que, como dirían sus correligionarios españoles, es obra sin duda de la conspiración judeomasónica. Con tanto encapuchado, los grandes bancos ya han empezado a reforzar sus sedes ante la nueva amenaza fantasma.

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