Estados Unidos, 100 años después de D.W. Griffith

El séptimo arte empezó a caminar en 1915, año de estreno de “El nacimiento de una nación”, obra capital de D.W. Griffith, en la que el director sentaría las bases del lenguaje cinematográfico. Película de obligado visionado tanto por motivos técnicos como artísticos, pero no por ello exenta de una mancha que con el paso del tiempo, se va haciendo más grande. Y es que dicho film pervive, en parte, como bochornosa oda al Ku Klux Klan, ya saben, ese fiel aliado del nuevo presidente de los Estados Unidos.
El caso es que cuando la era Obama todavía no había llegado a su fin, surgió un film de idéntico título a aquel de Griffith. Este nuevo también estaba planteado en clave de drama épico, y situado en la misma época que su homónimo... solo que esta vez, el protagonismo lo ostentaba la comunidad afroamericana. El personaje central: Nat Turner, esclavo que en 1931 lideró una revuelta contra sus propios amos. La película se presentó en sociedad en Sundance, encantó y parecía que iba a hacer historia... Hasta que se destapó un terrible escándalo sexual con Nate Parker (alma mater del proyecto) como acusado, a lo que la opinión pública reaccionó con la condena al ostracismo.
En realidad, no estamos ni en un extremo ni en el otro. Se trata de una película notable en lo que a optimización de recursos se refiere, que consigue lucir en el fundamental envoltorio de la ambientación, logrando así un estimable retrato de época. La lástima es que a la hora de hablar de los personajes que la vivieron, se pierda en los habituales maniqueísmos: el hombre blanco era malo; el negro, bueno. Como reivindicación, entretiene y hasta puede emocionar; como análisis histórico es demasiado pobre. No se aventuren en comparativas con “12 años de esclavitud”, gana Steve McQueen por goleada.

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