Guerra Civil
No creo que haya nada que irrite tanto a la razón como denominar guerra civil a la agresión mortal que sufrió la II República española. Una guerra civil se denomina así cuando una parte sustancial de la sociedad política se levanta en armas por estimar que está privada de medios institucionales para defender sus ideas. Tal ocurrió con la Revolución Francesa ¿Pero era esa la situación española en 1936?
La derecha había ganado las elecciones de 1933 y había procedido a eliminar concienzudamente los progresos sociales conseguidos en el bienio progresista. Es decir, funcionaban las instituciones republicanas. Por tanto, el levantamiento protagonizado por Franco fue un crimen de lesa patria agravado con la indecente denominación de Cruzada. Franco asaltó el poder constitucional tras asegurar su futuro personal por potencias que no deseaban una España progresista. El crimen de rebelión –curiosa figura penal aplicada por el «caudillo» a los fieles al régimen legal– fue antecedido por el asesinato de lo mejor del generalato constitucionalista, entre ellos varios generales de la guardia civil.
No hubo guerra civil sino un genocidio contra un pueblo que trataba de entrar en la modernidad. Quienes hablan de guerra civil saben lo que tapan con esta denominación y sus monumentos.

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