Un thriller de espías agitado, no revuelto

Que un filme de acción como “Atómica” destaque de entre la medianía de productos de similar pelaje se debe a que en esta propuesta convergen un buen puñado de estilos que, convenientemente agitados –jamás mezclados– han dado como resultado un muy entretenido producto. Y ya que tomamos como recurso la célebre frase que James Bond aplicaba a sus Vesper Martinis, lo que encontramos en la intratable presencia de Charlize Theron no es más ni menos que un directo a la entrepierna de 007. No vamos a descubrir ahora los intentos por parte de Theron de alejarse de los roles que la Industria suele aplicar sin excesiva imaginación a sus estrellas y la constancia que la actriz de “Mad Max: Furia en la carretera” demuestra cada vez que toma un papel en el que su físico queda relegado a un tercer plano, pero en “Atómica” ha sabido combinar a la perfección ambas características, su atractivo y su apego por los maquillajes que distorsionan su rostro. Tomando como referencia la serie de novelas gráficas de Antony Johnson y Sam Hart, “La ciudad más fría”, el debutante David Leitch ha orquestado una vibrante explosión de colores y pulsaciones escenificadas en el convulso Berlín de finales de los 80, “Atómica” se muestra como un desenfadado y rudo thriller de espionaje que a ratos juega con la libertad que otorga el cómic, la seriedad crepuscular que John LeCarré aplicó a su imaginario de espías y pone de manifiesto lo que debe ser un verdadero McGuffin hitchockiano. A todo ello hay que sumarle una galería de personajes muy bien interpretados por actores como James McAvoy, John Goodman y una Sofia Boutella que comparte junto a Theron un encadenado de secuencias de alto voltaje. A modo de rubrica hay que destacar la antológica secuencia de la pelea en la escalera que Leitch resuelve mediante un plano secuencia brutal.

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