Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El sistema solar»

Nada como la familia unida

Un encuentro navideño vuelve a servir de excusa para escenificar en este terreno tan abierto a todo tipo de conjeturas un paisaje de guerra familiar en el que las balas silban a cada instante pero en momento alguno causan daño debido a que son de fogueo.

Atrapados en una puesta en escena agobiante, los personajes de este retrato en torno a la insoportable levedad del ser, vagan sin rumbo fijo y dejando tras de sí la nada más desconcertante. Poco encontramos entre los mimbres emocionales de una película que en momento alguno reniega de sus orígenes teatrales y en el que predomina un griterío a ratos ensordecedor. Lastrado por un subrayado emocional muy molesto, el filme se descubre sin brújula debido a que delega toda su fuerza en las continuas explosiones dramáticas que salpican un encuentro familiar resuelto mediante trincheras afectivas en las que conviven multitud de registros.

Todo vale en este folletín que se asemeja a un refrito de discordancias utilizadas en multitud de ocasiones en culebrones de tercera fila. Desde un inesperado embarazo, hasta la necesidad de cobrar con urgencia la herencia legada por un patriarca que asoma en la velada cual fantasma omnipresente y, por supuesto, una explosión de locura.

En mitad de este carrusel de reproches, el reparto coral se muestra maniatado por los excesos de unos personajes arquetípicos y que, para colmo de males, se ven en la obligación de lanzarse a la cara frases que chirrían por su exceso de solemnidad y nula empatía.