De la depresión al optimismo con fundamento
Tras las penurias del arranque liguero, el Eibar cierra la primera vuelta con números de permanencia.

«No voy a dar un diez pero un ocho o nueve sí», aseguraba José Luis Mendilibar tras el encuentro frente al Atlético al demandarle su valoración sobre la primera vuelta del Eibar. Satisfacción casi absoluta, por tanto, de los azulgranas en el ecuador de la Liga, en uno de esos excepcionales casos en los que el orden de los factores sí altera el producto.
Porque, pese a la derrota del sábado, el Eibar cierra la primera vuelta en un momento de forma óptimo y con la ilusión, fundamentada también en los puntos, de que la permanencia no se escapará pero las sensaciones eran muy diferentes hace apenas dos meses. El equipo ha trazado una trayectoria ciertamente anómala, con un recorrido que comenzó cuesta abajo para coronar de inmediato un puerto de categoría especial.
No hay más que echar mano de los números. Tras haber comenzado la temporada con una esperanzadora en Málaga –donde, pese a las seis novedades en el once, se vio a un Eibar de lo más reconocible–, los armeros empezaron a acumular disgustos, hasta el punto de que en las once primeras jornadas de Liga apenas habían sumado ocho puntos. Dos victorias, dos empates –el único aspecto positivo fue que los consiguieron ante rivales directos en la lucha por la salvación– y siete derrotas. Y números especialmente deprimentes en el apartado goleador: apenas media docena a favor y 25 en contra. Una situación que incluso llevó a su técnico a rediseñar el sistema de juego. Tras la goleada en Villarreal, tercera consecutiva que encajaba su equipo, Mendilibar decidió alinear una defensa de cinco futbolistas. Se estrenó ante el Deportivo y pareció funcionar porque dejó su puerta a cero pero la sensación fue efímera. Los goles en contra, y las derrotas, volvieron a acumularse.
La falta de adaptación de las incorporaciones, la dureza del calendario, la ingente cantidad de lesiones, la confianza menguante por los resultados... Fueron muchos los resultados adversos que llevaron a pensar, pese a que sólo había transcurrido un cuarto del campeonato, que la fecha de caducidad de la aventura eibarresa en Primera estaba próxima.
Hasta que todo cambió. En un solo día y por completo. Fuera del descenso pero con el agua al cuello, el Eibar recibía al Betis el pasado 20 de noviembre. De vuelta a la defensa de cuatro, el equipo se dio un paseo frente a los verdiblancos y comenzó a reescribir su historia, hasta el punto de que enlazó siete encuentros invicto. Hasta que este pasado sábado cayó ante el Atlético, el equipo guipuzcoano enlazó seis victorias y un empate. Con más merecimiento que suerte, gracias a un juego que, ahora sí, recordaba al Eibar que la temporada pasada batió todos sus récords. De los ocho puntos, seis goles a favor y 25 en contra de las once primeras jornadas, pasó a sumar 19 puntos, 18 goles a favor y sólo cinco en contra en los siete encuentros posteriores.
Eso, pese a la derrota final, le ha permitido alcanzar el ecuador de la Liga en la séptima plaza con 27 puntos. Los mismos que en su primera campaña en la categoría y uno menos que el curso pasado. Y con un colchón de once sobre el descenso que ahora marca el Deportivo.
Y, mejor aún, con la sensación de que es capaz de mantener la línea de estos últimos partidos en la segunda vuelta. El equipo ha interiorizado la idea de su entrenador, incluyendo a los jugadores llegados en verano, que en muchos casos se están destacando ya entre los mejores, se ha convencido de que su fútbol le permite competir al más alti nivel y además se ha hecho con dos grandes fichajes –Orellana y Pape Diop– para la segunda vuelta.
Once de carrerilla con novedades
Entre bajas y rendimiento, a José Luis Mendilibar le ha costado establecer un once tipo esta temporada. Pero tras la racha que ha llevado al equipo a situarse mucho más cerca de posiciones europeas –sólo dos puntos por debajo del Sevilla– que del descenso, la afición azulgrana ya empieza a cantar la alineación de carrerilla.
Un equipo en el que aparece media docena de jugadores que llegaron a Eibar en verano. Empezando por Dmitrovic, que lo ha jugado todo y bien. Por detrás se mantienen, como lo hacen desde Segunda B, Capa y Dani García. También Inui, Enrich y un Arbilla redescubierto como central. Pero también Paulo –tercer jugador con más minutos–, que tras las dudas iniciales se ha asentado; Jordán, que a su buen juego ha añadido puntería de cara a puerta; Cote, que ya es el máximo asistente del equipo; y Charles, máximo realizador aunque todavía en competencia con Kike por el puesto.
La lesión que sufrió en Sevilla deja fuera de ese «top once» a Alejo pero desde que se recuperó ha sido un jugador fundamental e indiscutible. Habrá que ver si también lo es en la segunda vuelta, ahora que Orellana empieza a reclamar protagonismo. A.U.L.

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