Final de la trilogía basada en la obra de Dashner
C on muchas de las franquicias heroicas para adolescentes suele suceder que empiezan con buen pie pero concluyen con más pena que gloria, como si la pesada maquinaria industrial de Hollywood las fuera desgastando y dejando sin energía vital. He de confesar que “El corredor del laberinto” (2014) me atrapó con su original formulación, pero la sorpresa inicial se fue diluyendo con la segunda entrega “Las pruebas” (2015), de la que ya no remonta esta definitiva “La cura mortal”. De nada parece haber servido la fidelidad al mismo equipo técnico y artístico, porque seguramente el cansancio ha hecho mella en Wes Ball y sus colaboradores. Tampoco el que la entrega final no se haya dividido en las dos partes empleadas habitualmente para hacer caja, porque el desenlace se hace largo y traiciona el discurso distópico de todo el planteamiento argumental previo.
Hay un empeño desmedido en buscar la espectacularidad a toda costa, imitando el estilo de acción que el australiano George Miller supo imprimir a su saga “Mad Max”, aunque sin el necesario poso de serie B al que se prestaba su temática apocalíptica en relación al cine de zombis político de George A. Romero o las películas de supervivencia de John Carpenter. El escenario de lucha de clases del futuro está servido al gusto de las nuevas generaciones de “gamers”.

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