El fútbol está loco, loco, loco...
El Crotone de la Serie A italiana se hizo con los servicios de un canterano del PSG a falta de 22 segundos del cierre del mercado invernal de fichajes. Un dirigente calabrés mostró en directo a SkySports el contrato. «Pero no sabemos francés, no está claro qué hemos firmado», confesaba como si nada. El fútbol, este fútbol, se nos está yendo de las manos.

Nadie a mediados de la década de los noventa conocía más allá del fútbol belga a un tal Jean-Marc Bosman y, sin embargo, el nombre de este jugador que no ganó nada revolucionó el mundo del balompié planetario como se conocía hasta entonces. Haríamos bien en quedarnos, por si las moscas, con el nombre de otro futbolista, este turco, Omer Faruk Kiroglu, que acaba de firmar en este mercado invernal de fichajes por el no menos desconocido Harunustaspor, de las categorías inferiores del país, que ha pagado su traspaso en bitcoins: 0,0524 en concreto, al cambio, 400 euros.
De 1995 a 2018, las cifras del fútbol se han multiplicado por diez. El Athletic pagó el equivalente de 3,3 millones de euros por un juvenil Joseba Etxeberria, el escándalo de la década. Ahora, ha abonado 32 millones por Iñigo Martínez. En este periodo, el PIB del Estado español es poco más del doble: en 1995, era de 459.000 millones de euros; en 2017, rondará los 1,1 billones. Definitivamente, ya sea en millones de euros o en bitcoins, el fútbol, que por algo se llama el deporte rey, juega en un universo paralelo a la realidad en el que, también es cierto, solo unos pocos son los elegidos y los más hacen equilibrios ante una burbuja que no saben si les explotará en cualquier momento del partido.
Un, todavía recién salido del horno, informe UEFA sobre el estado financiero del fútbol revela que la asistencia de público a las 50 principales ligas europeas en la temporada 2016-17 disminuyó un uno por ciento con respecto a la precedente, mientras que los ingresos anuales de los 700 clubes de las máximas categorías aumentaron en su conjunto casi un 10%, porcentaje de crecimiento que no se daba desde el año 2002; eso sí, entre 2010 y 2016 los 12 clubes más grandes y globales generaron ingresos de 1.530 millones de euros, por 700 todo el resto de equipos de las primeras divisiones continentales.
Entre 2010 y 2016, los ingresos por entradas han crecido un 9%, los patrocinios e ingresos comerciales han subido un 58%, los de televisión han crecido un 64%, por transferencias se han incrementado un 105%, y el dinero en metálico de la UEFA y los pagos solidarios aumentaron un 106%. En 2016, hasta 26 ligas –todo un récord– generaron beneficios; en 2011 eso lo podían decir nueve clubes, no ligas. Dinero contante y sonante que se traduce en datos que relativizan la sorpresa por las millonadas gastadas en una ventana invernal de fichajes que solía resultar anodina. Hasta ahora.
Un 32% más en fichajes en 2017
La FIFA acaba de publicar el resumen de la actividad en el mercado de traspasos en todo el mundo durante 2017, año que se cerró con nuevos récords como que los gastos aumentaron un 32% para llegar a los 6.370 millones de dólares (5.102 millones de euros) y se estableció un nuevo hito en el número de traspasos, cifrado en 13.415 futbolistas de 181 nacionalidades; por cierto, una de cada cinco de esas transferencias tuvo como protagonistas a jugadores brasileños, argentinos o colombianos. Y en lo más alto de la cadena alimentaria vuelven a aparecer los de siempre: dos tercios de esos 6.370 millones fueron desembolsados por solo 50 clubes.
Entre esos que todo lo pueden están los nuevos ricos, caso del PSG y sus petrodólares qatarís que desembolsan 222 millones por Neymar, o el Manchester City del hermanastro del monarca de los Emiratos Árabes. El club citizen ha pagado 65 millones por Aymeric Laporte, lo que eleva el importe de lo que Guardiola se ha gastado solo en reforzar su defensa a 350 millones, 248 en este curso. Montante que, por hacer una comparativa, supera el gasto en Defensa de 52 países del globo. ¡Qué decir entonces en Sanidad o Educación!
El City estaría en disposición de sentarse a la mismísima mesa del exclusivo club Bildelberg, al que, eso sí, han tenido la delicadeza de invitar a hablar al español Juan Mata, jugador del United inspirador y abanderado de la iniciativa ‘‘Commom goal’’, que invita a futbolistas de todo el mundo a donar el 1% de su sueldo a causas solidarias. La cruda realidad es que muy pocos le han copiado; entre ellos, una vasca, Irene Paredes, ex del Athletic y ahora en el PSG. Como diría Eduardo Galeano en su ‘‘El fútbol a sol y sombra’’ (1995), «por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado cara sucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear al equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad». El otro fútbol.
Deporte de masas, «fenómeno universal, mucho más que la democracia o la economía de mercado» como lo cuantificó alguien, «modelo de sociedad individualista», sostenía el teórico marxista Antonio Gramsci. La «única religión que no tiene ateos», otra vez Galeano, pero que en algún momento se volvió negocio, quién sabe si cuando Alfredo Di Stéfano comenzó con sus anuncios de medias de mujer o cuando en 1973 el Eintracht Braunschweig “profanó” su camiseta con publicidad del licor de hierbas “Jägermeister” y con el dinero llegó incluso a fichar a un ya veterano Paul Breitner.
El fútbol, definitivamente, y a falta de que la burbuja que algunos vaticinan estalle, juega en una división diferente al resto de mortales. Su campo de juego nada tiene que ver con el mundo real. Stanley Kramer dirigió en 1963 aquella entonces desternillante ‘‘El mundo está loco, loco, loco’’. Hoy, este fútbol lo está también. Lo está o se ha vuelto. «Un triste viaje del placer al deber»... Otra vez Galeano.
La Premier es la gallina de los huevos de oro
Jorge Luis Borges, sí, ya saben, el mismo que contraprogramó una conferencia en Buenos Aires a la misma hora en que la Albiceleste debutaba en su Mundial del 78, decía no entender cómo «nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol». Hoy, el fútbol en Inglaterra es la gallina de los huevos de oro con sus megacontratos televisivos y su reparto más equitativo de los dineros generados por la “caja tonta”. En la ventana invernal de 2017, los traspasos en la Premier en el global del mercado de fichajes supusieron el 36% del total; en este último de 2018, el 50%. La Premier se ha gastado 476 millones de euros, seguida de la Liga española con 276. Llaman la atención los 72 de la Bundesliga, donde ni Bayern ni Dortmund se han gastado nada –pero sí equipos de la parte media-baja con desembolsos récord–; o los 25 de la Serie A italiana, donde entre Juve, Napoli, Inter, Roma, Milan y Lazio solo han facturado 600.000. Por cierto, el octavo club que más se ha gastado este invierno ha sido chino. La nueva gallina de los huevos de oro.J. V.

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