Marinero en tierra
No ha esperado Joan Manuel Serrat Teresa a que su “Mediterráneo” (1971), cumpla medio siglo y lo rescata en una gira que llenó de nuevo el Kursaal. «Para esperar estoy: igual tendría problemas al soplar las velas», explicó. Y tiró de maño refranero materno: «de aquí allá, pajaricos habrá». Se presentó el “noi” con amplio apoyo musical y elegante diseño escénico, con aún mucha voz en sus personales vibratos, dominio escénico y carisma ante una audiencia siempre incondicional. El primer capítulo lo ocupó la decena de títulos del álbum, recargados en general de ambientes a cargo de sus fieles pianista-teclista, al modo de la orquestación original.
El creador barcelonés dio un impecable repaso a su LP más popular desde el testamento vital del propio título a la decepción y desolación, el libre nomadeo, la emoción infantil, el romanticismo y la fidelidad o la golfería veterana, el quijotismo de León Felipe o las entrañables cosas pequeñas. Epilogado con “La mer” (Trenet), y tristemente actualizado (“basurero y sarcófago”) con “Plany al mar”.
La segunda mitad fue menos ampulosa en lo instrumental, con “Penélope”, Machado (la gente entonó lo de “caminante”) y Hernández, “Curro el Palmo”, “Hoy puede ser un gran día”, “Esos locos bajitos” o “Fiesta”. Alguien reclamó “Paraules de amor”, pero sonó “Tatuaje”, de Concha Piquer. “Da capo” (“volver al principio”) reza el espectáculo, un retorno que no alcanza las primeras y hermosas canciones serratianas en catalán. Cada loco con su tema.

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