Levando anclas hacia la fantasía

Tomando como referencia el original literario de Jakob Martin Strid, esta amable producción danesa cumple con creces su cometido de entretener al público infantil siguiendo unas pautas muy reconocibles en lo concerniente al diseño de personajes y sus respetivas características y enmarcándolo dentro de una trama de corte aventurera en la que se intuyen elementos iniciáticos. Todo ello elaborado mediante una técnica de animación efectiva.
En cuanto a lo más relevante que podemos encontrar en la película, destaca sobre todo su empeño por apostar por un modelo surrealista que arranca con la singular odisea escenificada en una localidad costera y que tiene como protagonistas a una gata a la que le asusta el agua y a un elefante al que le asusta su propia sombra. Su mécanica cotidiana cambia por completo cuando tropiecen con una botella en cuyo interior se encuentra una semilla que simboliza la llave que abrirá una aventura de la que primero renegarán y que les guiará hasta una isla olvidada y habitada por criaturas fantásticas y piratas malvados.
Destaca también el ritmo alternante que utilizan Amalie Næsby Fick, Jørgen Lerdam y Philip Einstein Lipski para, cuando se requiere, acelerar las secuencias de acción y sosegarlas cuando los diálogos y las emociones de los personajes afloran. Dicho ritmo está pensado para otorgar a los más pequeños esos segundos que se requiere para asentar sin prisas en la imaginación lo que está aconteciendo dentro de la pantalla de cine.
Elaborada como un canto a la amistad, esta propuesta que ha cosechado varios premios tanto en Dinamarca como en diferentes certámenes especializados en el género de animación, logra su propósito de mantenernos atentos a una historia atractiva, cargada de simbolismo y emparentada en ciertos aspectos con aquel “James y el melocotón gigante” que imaginó el

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