24/04/2019

Doping electoral

Las elecciones estatales no son una plaza fácil para los partidos vascos, que compiten con agenda extraña y en campo ajeno. Y además, estos debates dopan asus contrincantes justo cuando toca enfilar la línea de meta

Para cuando se publiquen estas líneas ya se habrán celebrado los dos debates televisivos entre los cuatro presidenciables (es un decir) de la política española, e inevitablemente la pregunta que ahora flota en el aire es, ¿quién ha ganado? La respuesta es que han ganado todos, los cuatro. ¿Por qué? Pues porque en sólo dos noches los líderes del PSOE, el PP, C’s y Podemos han tenido acceso a cerca de veinte millones de posibles votantes, y no hay mitin ni propaganda que compita con una exposición de tal calibre. Lo dijo Pablo Iglesias ante las cámaras de TVE: «Un debate es mucho más importante que cualquier cartel electoral». Y tiene mucha razón.

Entrar en la última semana de campaña con dos debates consecutivos y una audiencia millonaria es un chute de presencia pública por el que deberían estar agradecidos Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias. Alguien argumentará que al final son ellos quienes se juegan la llave de La Moncloa, y que de lo que se trata es de decantar la balanza hacia una de las cuatro esquinas. Que unos ganan y que otros pierden. Pero, aunque parezca mentira, en estos comicios no compiten sólo ellos; de hecho, en algunos lugares luchan a brazo partido con otras fuerzas políticas por un mismo escaño.

Es algo que ocurre en Euskal Herria, claro. Por ejemplo, a PNV y EH Bildu les conceden en conjunto entre 8 y 11 diputados (Navarra Suma está representada por PP y C's, y Geroa Bai no parece tener opciones), y son por tanto fuerzas de primer orden, competidores directos de los grandes partidos españoles. Pero ellos no van a tener ese último y quizá decisivo empujón televisivo.

Los jeltzales tienen menos motivo de queja, pues ya han sido invitados a sendos debates en TVE y en una cadena privada, si bien lo único reseñable de la intervención de Aitor Esteban –en los mentideros ya han empezado a llamarle Aitor el txirrindulari–, ha sido que le reprochara a Toni Cantó que se parezca a Bildu. Y es que cada uno aprovecha el tiempo como quiere o puede.

Por contra, EH Bildu no está y no se le espera en esos debates, aunque no paren de hablar de ella. Y teniendo como tiene tres escaños danzando en un puñado de votos (Araba, Nafarroa y un segundo en Gipuzkoa), le perjudica que sus rivales directos disfruten de ese enorme escaparate. Por ejemplo, no serán pocos los que duden entre la papeleta soberanista y la de Unidas Podemos, y una doble sesión de Pablo Iglesias en prime time es evidente que ayudará a los morados. El debate también puede activar a indecisos de derecha en Araba y Nafarroa; pocos o muchos, pero quizá suficientes para embolsar el escaño.

Las elecciones estatales no son una plaza fácil para los partidos vascos, que compiten con agenda extraña y en campo ajeno. Pero además estos debates dopan a sus contrincantes justo cuando toca enfilar la línea de meta. No es justo, pero es lo que hay. Y frente a ello, no queda más que la artesanía del cartel y la pancarta y la imaginación de las redes sociales. De momento, empezaría empapelando todo Gasteiz con el número 622, que es la cantidad de votos que separan a Maroto de Ruiz de Pinedo.

Si la pantalla pone sordina, que al menos hablen las paredes.