Brasil aparca el «jogo bonito» y se apunta definitivamente a la efectividad

Desde que perdiese 1-7 con Alemania en el Mundial que ejercía como anfitrión, Brasil ya no es el mismo. Su característico «jogo bonito» que no siempre daba los marcadores apetecidos parece haber quedado definitivamente aparcado en beneficio de la pegada y la efectividad.
De momento, en la presente Copa América, de la que también es organizador, este práctico plan le está dando resultado. Al menos, ya está en la final. Dos fogonazos de Grabiel Jesús y Firminho en el mismo escenario de infausto recuerdo ante los germanos le sirvieron a la «canarinha» para dejar en la cuneta a una Argentina que clama contra el estamento arbitral, cuyas decisiones dejaron en nada el buen partido que realizó un motivado Messi.
El astro rosarino deberá esperar a una nueva ocasión para levantar ese título que se le resiste con la selección y que, con el transcurso de los años, lleva camino de no conseguir, por unas razones o por otras.
Su rival al otro lado del río Iguazú respira de momento por haber llegado al último partido, algo que le durará poco por las exigencias de una afición que perdona lo justo.

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