15/08/2019

Itziar Ziga
Escritora y feminista
Violador y caballero
Todas coinciden en señalar que, al negarse a sus más o menos explícitos avances, tuvieron el miedo y la certeza de que ese dios acabaría profesionalmente con ellas

Este tórrido verano desenmascara a otro gran prohombre. Los domingos no fueron tan plácidos para las mujeres a las que acosó sexualmente el honorable tenor. Leo los testimonios de estas nueve mujeres y el machismo de este jodido mundo vuelve a hervirme la sangre. «¿Cómo se le dije no a un dios?», pregunta una de ellas. Vio languidecer su carrera de cantante de ópera tras zafarse finalmente del asfixiante acoso de Plácido Domingo. Todas coinciden en señalar que, al negarse a sus más o menos explícitos avances, tuvieron el miedo y la certeza de que ese dios acabaría profesionalmente con ellas.

Que se lo digan a Mira Sorvino. Harvey Weinstein dijo en 2017: cómo podía yo malograr su carrera si era entonces la novia de Tarantino, el rey del cine. Dio en el clavo. El propio Tarantino reconoció que sabía lo suficiente sobre el comportamiento violador de Weinstein como para haber hecho más de lo que hizo. Que fue nada. Priorizó seguir siendo el rey del cine, gracias a que era el ojito derecho de Weinstein, a defender a las mujeres, incluida la que fuera su novia. Total, ya las ensalzaba como heroínas contra el patriarcado en sus películas. Después, el director de “El señor de los anillos” contó que el infame productor le había presionado en 1998 para que no contratara ni a Mira Sorvino ni a Ashley Judd. Le dijo que eran muy problemáticas en los rodajes: las dos habían rechazado sus avances sexuales. Y las dos desaparecieron misteriosamente de las carteleras. Mira lloró aliviada: «Ahí está la confirmación de que Harvey Weinstein descarriló mi carrera, algo que sospechaba pero de lo que no estaba segura. Gracias, Peter Jackson, por tu honestidad. Me duele el corazón».

Eleonor Antillón, la segunda mujer de todas las que han denunciado por acoso sexual con abuso de autoridad al dos veces presidente de Costa Rica, Nobel de la Paz y ensimismado de su grandeza, Oscar Arias, dice «qué bueno que la gente ya dude, pero no del incorrecto». Porque muchos violadores han sido tan honorables como intocables por tener poder y huevos. Qué bien verlos caer en este tórrido verano del feminismo.