17/08/2019

Arturo Puente
Periodista
Sin alternativa a Salvini
Es ilustrativo que la UE fuese capaz de torcer el brazo al gobierno griego de Tsipras respecto a la deuda, o incluso al italiano cuando se trata del presupuesto, pero diga que no es capaz de forzarle a desembarcar el Open Arms

Por tercer verano consecutivo la sociedad europea pone su mirada sobre la crisis migratoria en el Mediterráneo divida entre la impotencia, la indiferencia y el juego de manos de los gobiernos de la UE. Más de 130 personas continúan dentro del Open Arms sin saber si podrán atracar en un puerto seguro por la negativa de Italia a abrir su frontera, pese a que seis Estados hayan accedido, tras mucha presión, a repartirse a los refugiados.

Tanto la opinión pública europea como los ejecutivos apuntan ahora sus críticas hacia el ministro del interior italiano, Matteo Salvini. Las responsabilidades del líder de la nueva extrema derecha europea en esta crisis son innegables. Su proyecto político es criminal y sus ideas racistas pretenden convertir el Mediterráneo en un muro infranqueable que traerá la miseria, la destrucción y la guerra a ambas orillas. Pero, ante un Salvini que se retroalimenta de la catástrofe, quedarse ahí es insuficiente. Es hora de hablar de Europa.

La crisis migratoria es un desastre de dimensiones comparables al que produce una gran guerra. Ante esto la respuesta europea ha sido generalmente lenta, epidérmica, económicamente interesada y descoordinada, cuando no directamente irresponsable y en la dirección equivocada. La UE sigue anquilosada en una ideología respecto a la inmigración basada en impedirla a toda costa, bien sea mediante el cierre y externalización de las fronteras o bien desincentivando la llegada de personas.

Es ilustrativo que la UE fuese capaz de torcer el brazo al gobierno griego de Tsipras con unas condiciones draconianas respecto a la deuda, o incluso al italiano cuando se trata de cuestiones presupuestarias, pero diga que no es capaz de forzarle a desembarcar el Open Arms. Eso se explica por el diseño de la UE, sí, pero también por la inconfesable utilidad de la intransigencia italiana para los intereses del resto de gobiernos. Mientras en Europa sigamos creyendo que la prioridad es evitar que los migrantes lleguen, no habrá alternativa al modelo Salvini y el desastre humanitario seguirá ocurriendo.