19/08/2019

Anjel Ordoñez
Periodista
Nueve días
En fin, ya estamos en harina, y el comienzo no ha podido ser más intenso con el gol de Aduriz, la llegada de Marijaia en olor de multitudes y la actuación estelar de la txupinera

Aste Nagusia es probablemente una de las mayores concentraciones de oferta para el ocio que se conocen en Europa. En nueve días de fiesta –con sus noches– se cuentan por cientos las citas con la música, la cultura y el deporte. El programa ofrece tal variedad de contenidos, enfoques y espacios que convierte a Bilbo en un inmenso escenario interactivo en el que festejos y manifestaciones creativas se funden en un modelo que, además, y 41 años después, sigue manteniendo el espíritu participativo y popular con el que nació.

Un modelo que ni se entendería, ni hubiera mantenido su esencia sin la dedicación y la determinación de las konparsas. No solo por su implicación en el desarrollo de los festejos, ni siquiera por su impagable aportación en la organización de un programa de actos propio cada año más presente en el recinto festivo, sino por su defensa activa de una Aste Nagusia popular y reivindicativa.

Porque la reivindicación ha sido y es en Euskal Herria parte imprescindible de una sociedad que entiende el tiempo de fiesta como una oportunidad para la diversión, claro, pero también para la expresión de la protesta y la defensa de las demandas sociales y políticas que nos acerquen a una sociedad más justa.

Evidentemente, esa expresión evoluciona con los tiempos, se modula y adapta sus focos en función de cada momento, pero debe mantener la misma intensidad que siempre ha definido el espíritu «Jaiak bai, borroka ere bai» que tantas ampollas ha levantado siempre en quienes todavía sueñan con el regreso a aquella oscura Semana Grande de toros, misa mayor y vermut.

En fin, que ya estamos en harina, y el comienzo no ha podido ser más intenso. El gol de Aduriz, la llegada de Marijaia en olor de multitudes y la actuación estelar de la txupinera desataron nueve días de buen ambiente e irreverente peregri- nación por txosnas, escenarios, calles y plazas. Nueve noches de pulso acelerado, evasión y jaleo con la ría de testigo. Cientos de horas sin perder de vista que no siempre es no y que, por ahora, seguimos sin estar todos. Gora Aste Nagusia!