El alma vasca de la diplomacia vaticana
El cardenal Roger Etchegaray abandonó hace dos años Roma, pero desde su retiro en Kanbo mantuvo hasta el final «una ventana abierta» hacia su país y hacia el mundo.
Su fallecimiento, a punto de cumplir 97 años, fue acogido con palabras de pésame llegadas desde las esferas vaticanas, desde la iglesia vasca, y también desde muy distintos puntos del planeta.
Nacido en 1922 en Ezpeleta, Roger Etchegaray ha sido el religioso vasco que ha escalado más alto en la Curia romana.
Ordenado sacerdote en 1947, bajo el apostolado del papa Pablo VI fue nombrado obispo auxiliar de París, en 1969, y un año después arzobispo de Marsella. En 1979 fue consagrado como cardenal y durante dos décadas fue un estrecho colaborador del Papa Juan Pablo II, de quien ejerció como enviado especial en misiones delicadas, en Cuba, Irak, Palestina, Ruanda, Haití o China.
Siempre apegado a su localidad natal, su nombre fue citado más de una vez en relación al conflicto vasco, y tras su muerte desde distintos ámbitos se reconocía su compromiso con la búsqueda de la paz y se le agradecía haber ejercido de «embajador vasco en el Vaticano y en el mundo».
El funeral por el cardenal Etchegaray se celebrará el lunes, 9 de setiembre, a las 10.30 en la catedral de Baiona.

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