12/09/2019

Chronique
DIADA NACIONAL DE CATALUNYA
EL INDEPENDENTISMO SE CONJURA PARA UN NUEVO “PULSO DEMOCRÁTICO” CON EL ESTADO

UNA MULTITUD COLAPSÓ LAS CALLES DE BARCELONA EN LA DIADA MÁS DIFÍCIL DE LOS ÚLTIMOS AñOS POR LA FALTA DE UNIDAD ENTRE LOS PARTIDOS SOBERANISTAS. CON LA MENTE FIJADA EN LA SENTENCIA DEL TS, LAS ENTIDADES APELAN A LA DESOBEDIENCIA CIVIL PARA HACER FRENTE A LA REPRESIÓN Y AVANZAR HACIA LA REPÚBLICA.

Àlex ROMAGUERA
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Marcel Mauri (Òmnium) invocó a Jordi Cuixart y recordó que «si la injusticia es la ley, la desobediencia civil es un derecho»
Elisenda Paluzie (ANC) advirtió a los partidos que no dejarán que deslegitimen el 1-O y se repartan «las migajas del autonomismo»

Son las cuatro de la tarde. Aún quedan minutos para las 17.14, la hora que los organizadores han fijado para el inicio del acto principal de la Diada. Una hora que, en su numeración (1714), nos recuerda la fecha en la cual Catalunya perdió, hace más de tres siglos, sus libertades en manos de las tropas de Felipe V. Delante de la escuela Francesc Macià, otro referente en el imaginario republicano, centenares de vecinos del distrito de Sants se agrupan para llenar una de las esquinas de la plaza Espanya de Barcelona. Un enclave que, por su nombre malsonante, la Assamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural han escogido para convertirlo en el epicentro de la concentración que, bajo el lema «Objectiu: independència!», se prevé tanto o más concurrida que en años precedentes.

En la conocida escuela de infantil y primaria, los vecinos de Sants se distribuyen por los tramos 5 y 6 que la organización les han asignado, mientras la superficie ya prefigura la estrella de cinco puntas dónde a las 17.14 confluirán todas las columnas de gente que, metafóricamente, representan la pluralidad que caracteriza al independentismo catalán. Esta es la imagen que las entidades consiguieron dibujar ayer des del cielo –según la Guardia Urbana, 600.000 personas ramificadas en seis calles– pero también des del escenario colocado en las torres de la avenida Maria Cristina.

Después de un año salpicado por la represión y los continuos reproches entre los partidos soberanistas, los mensajes no dejaron lugar a dudas: «El poble mana, el Govern obeeix» (El pueblo manda, el Gobierno obedece), «Vam votar y vam guanyar» (Votamos y ganamos) o, en alusión al referéndum del 1 de octubre, «Ho tornarem a fer» (Lo volveremos a hacer). Un abanico de ideas-fuerza que los vecinos de Sants compartieron por las redes sociales y que la inmensa mayoría de personas llegadas de toda Catalunya también ha hecho suyas estos últimos meses.

Tsunami ante la represión

La Diada de ayer desmintió el mantra sobre la perdida de empuje del soberanismo. Pese al efecto disuasivo de la represión y el malestar que ha generado en varios sectores las disputas entre ERC y JxCat, la ANC y Òmnium Cultural arrastraron nuevamente a una multitud a manifestarse. Un éxito de convocatoria que permitió a las entidades coger musculatura y reafirmarse en una doble demanda: no sucumbir ante los cantos de sirena que puedan venir de Madrid y reafirmarse en la unilateralidad como una de las vías para plantar cara al Estado y encauzar el camino hacia la independencia. Así se expresó ante la multitud Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, la cual advirtió a ERC y JxCat en el acto final que «no toleraremos que deslegitiméis el 1 de octubre y os repartáis las migajas del autonomismo».

Dirigiéndose a las principales formaciones del soberanismo, Paluzie les instó a que, «si nosotros hemos aprendido de los errores del pasado, vosotros también lo podéis hacer», para acto seguido leer un escrito en el cual Jordi Sànchez, presidente de la entidad, reivindicó desde la prisión el espíritu del referéndum del 2017: «Primero vencimos al miedo para después vencer al Estado».

También Marcel Mauri, vicepresidente de Òmnium Cultural, habló de «dejar en casa la decepción» para persistir en la lucha por los derechos y las libertades colectivas, a la vez que exigió «un gobierno preparado y un parlamento comprometido» con estos principios. «Os pedimos unidad estratégica e insistiremos en ello, pues no estamos dispuestos a retroceder», insistió ayer.

El representante de Òmnium hizo hincapié en la proximidad de la sentencia del Supremo, recordando a Pedro Sánchez que le quedan pocas semanas para cumplir con el dictamen del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU, que exige la excarcelación de los líderes soberanistas. «El ejecutivo español pervierte el diálogo y, a través de la abogacía del Estado, se alinea con las tesis de Vox en lugar de escuchar a las Naciones Unidas».

Ante este escenario de represión, Mauri conminó al PSOE a cambiar sus políticas, porque «si piensa que persiguiendo a las mil personas encausadas por sus ideas en Catalunya ganará, es que nos conoce muy poco». Después añadió: “Sabemos que el camino no será fácil y harán falta muchos sacrificios, pero se lo debemos a los presos, a los exiliados y sobre todo a nosotros mismos». El portavoz de Òmnium invocó a Jordi Cuixart, presidente de la entidad, cuando recordó que «si la injusticia es la ley, la desobediencia civil es un derecho».

Empoderar para ganar

A diferencia de otros años, la Diada de ayer emplazó a superar las dinámicas reactivas para reforzar los espacios de soberanía. En un diálogo sincronizado, dos actores leyeron el inventario de acciones con las cuales la ciudadanía puede empoderarse y sacudirse de los poderes del Estado: «Nos toca mover ficha y ser propositivos: afiliémonos a sindicatos independentistas y hagamos un consumo crítico y consciente. Seamos Eines de País (herramientas de país)!». Eines de País es la iniciativa promovida por la ANC que ha llevado al independentismo a hacerse con la victoria en las pasadas elecciones sindicales celebradas en la administración catalana, así como a lograr que la candidatura independentista lograse la mayoría absoluta en los órganos de gobierno de la Cámara de Comercio de Barcelona.

Ayer, aprovechando la multitud, la ANC repartió propaganda de su campaña “Consum estratégic”, dónde publicita empresas y proyectos cooperativos y de proximidad que no obedecen a los intereses de los oligopolios ligados al Estado, como es la telefónica Parlem o la energética Som Energia. «Cuando compramos, plantamos alternativas o desarrollamos acciones cotidianas, somos poder», añadieron.

Del mismo modo, y como colofón al diálogo, se sucedieron las llamadas a desobedecer ante las agresiones que vienen de Madrid, pues «la libertad no nos la regalarán, la tendremos que conquistar». No faltaron las alusiones a los insumisos, la Guerra del Agua, las mujeres sufragistas, el movimiento LGTBI, Nelson Mandela o al mismo 1 de octubre: «Tenemos que aprender de las derrotas, pero también de las victorias, ya que si debilitamos los poderes del Estado podremos empoderarnos en un poder propio».

Arenys de Munt, diez años

La Diada de 2019 pasará a la historia por encontrarse en medio de la represión y el desencanto ante las luchas cainitas que han protagonizado los partidos en este último ciclo electoral. Pero, aunque no haya trascendido, también nos retrotrae al primero de los 545 referéndums populares que se celebraron en Catalunya a finales de la pasada década, llevando a millones de catalanes y catalanas a responder afirmativamente a la pregunta «Está de acuerdo en que Catalunya se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?».

En las hemerotecas quedará para siempre Arenys de Munt, el municipio de la comarca del Maresme que el 13 de septiembre de 2009 inicio esta oleada de convocatorias como respuesta a la sentencia del Estatut. Unas convocatorias a las que, en sus inicios, los partidos no auguraban el más mínimo recorrido político.

En este pequeño municipio fueron los vecinos, y una simbiosis perfecta entre los representantes del consistorio, lo que permitió una consulta que empujó al independentismo a iniciar un largo camino hasta llegar al 1 de octubre de 2017.

Diez años después, Arenys de Munt sigue anclado en la memoria colectiva por la capacidad que tuvo de empoderar a la población y forzar, con un acto cívico y festivo, todas las costuras del Estado.