Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Géminis»

Cara a cara consigo mismo

Además de ser un autor dotado de exquisito sentido y sensibilidad, Ang Lee también incluye en su filmografía diversos coqueteos con las nuevas tecnologías. El principal problema en esta segunda opción consiste en que cuando el engranaje argumental es un desastre, todo el castillo de naipes visual se desmorona. Esto es lo que ocurre en esta superproducción en la que impera la dictadura de lo visual en detrimento de una historia que no hay por dónde cogerla. La primera impresión que asoma en “Géminis” es que, ya en el año 97, el cineasta chino John Woo se sacó de la chistera un auténtico delirio titulado “Cara a cara” en la que asistíamos a un thriller en el que Nicolas Cage y John Travolta alternaban rostros y gestos. Si en el filme de Woo te rendías ante semejante delirio gracias a un excelente equilibrio entre la acción y el despiporre que suponía el duelo entre Cage y Travolta haciendo el uno del otro, en lo que nos propone Lee solo se asoma, por partida doble, un Will Smith enfrentado consigo mismo pero a diferente edad. Filmada en 3D a 120 fotogramas por segundo, este circo aparatoso se toma su tiempo para arrancar y poner sus fichas sobre el tablero, lo cual repercute negativamente en el ritmo del filme porque en esas secuencias impera la nada más absoluta en cuanto a diálogos y sensaciones. Tan solo cuando la cámara se pone en movimiento el filme adquiere cierto nivel, pero son tan pocas y largas que al final uno se pregunta si era necesario semejante despliegue tecnológico. Lejos queda la pericia de los grandes artesanos que, como en el caso de William Friedkin o John Frankenheimer, les bastaba y sobraba con colocar la cámara en el momento y lugar preciso para captar un telúrico encadenado de secuencias de acción. Para colmo de males, todo culmina en un final ridículo que pone en entredicho la labor de, ni más ni menos, tres guionistas.