I. ERASO-A.INTXUSTA-N.GOTI
BILBO
LOS PERMISOS POR NACIMIENTO DE HIJAS E HIJOS EN EUSKAL HERRIA (I)

La batalla de las semanas de permiso en busca de repartir los cuidados

Con el decreto de Lakua que eleva a 16 semanas el permiso retribuido de la pareja de la madre, la CAV se sitúa a la cabeza del Estado español en materia de excedencias para avanzar en corresponsabilidad. La realidad es diversa en Euskal Herria en esta batalla que parece olvidar otras medidas que garanticen todo proyecto vital, con familia o no.

Cómo organizar los cuidados tras el nacimiento de un hijo o hija es la cuestión sobre la mesa en toda unidad familiar cuando llega el momento. La opción, en general, es intentar disfrutar del mayor tiempo posible para cuidar de esa nueva vida y hacerlo en las mejores condiciones posibles para ambos progenitores.

Las respuestas institucionales a esa necesidad universal varían en Euskal Herria según la administración bajo la que se produzca el nacimiento, pero tienen un patrón común: siguen apostando por ampliar las semanas de permiso retribuido en ese objetivo de influir en la conciliación y en el reparto de los cuidados. Pero no acaban de articular un sistema público que garantice en todo caso condiciones de vida dignas para abordar los cuidados e igualdad de oportunidades para hacerlo, sean cuales sean las rentas familiares.

Tras publicitarlo a bombo y platillo en los últimos meses, el decreto que acaba de publicar el Gobierno de Lakua y sus 16 semanas de permiso retribuido para madres y cónyuges, sitúa a Araba, Bizkaia y Gipuzkoa a la cabeza en la cuestión de la duración de los permisos. Pero, acercando el foco a la letra pequeña, no es oro todo lo que reluce.

En la CAV, las madres gestantes y sus cónyuges tienen ya equiparados los permisos: 16 semanas para ambos, a disfrutar durante el primer año de vida del recién nacido. En este caso, los y las cónyuges tienen el permiso retribuido y pueden acogerse después a una excedencia, aunque no a la vez que lo hace la madre gestante, en ese intento por repartir las tareas de cuidados. Como no puede considerarse un permiso en sí, que es como se conciben las ocho semanas que paga la Seguridad Social, las ocho semanas de más que sufraga el Ejecutivo de Lakua están definidas como «ayuda para una excelencia remunerada y voluntaria».

Esperar la ayuda sin cobrar

Así, el método para disfrutarlas es coger las 8 semanas de baja por paternidad y pedir una excedencia laboral seguida de otras 8 semanas. Las primeras ocho semanas están financiadas por la Seguridad Social (competencia en manos del Estado no transferida a la Administración autonómica), las 8 restantes serán retribuidas a cargo del Presupuesto de Lakua, con un coste total estimado en 25 millones de euros.

Hasta ahí todo parecen ventajas, pero no para todos los cónyuges. Lo que ocurre es que hay que solicitar la ayuda por esas 8 semanas de excedencia, que se pueden pedir desde noviembre, y esto supone solicitar la ayuda y esperar a que se resuelva para recibir el abono en un único pago, con lo que el o la solicitante debe contemplar que el cobro de la ayuda puede retrasarse unos dos meses después de una excedencia en la que no percibirá salario. Lo que sí podrán hacer los solicitantes es disfrutar de esas ocho semanas de un tirón o en periodos discontinuos.

El borrador del decreto, aplaudido por ampliar la duración de los permisos, ha sido más polémico en lo que respecta a las condiciones en las que puede disfrutarse. El primer texto establecía como requisitos para la excedencia que quien la disfrutase no hiciese uso de guardería ni tuviese contratada empleada del hogar. Lakua rectificó en cuestión de horas y decidió no excluir del permiso retribuido a las unidades familiares que tengan contratada una empleada.

El Ejecutivo de Iñigo Urkullu explicó que la cuestión se había reconsiderado «ante la imposibilidad de comprobar legalmente que la encomienda principal de la persona contratada sea el cuidado del menor». Se mantiene como condición para percibir la ayuda, eso sí, que el o la menor no esté matriculada en un centro de educación infantil.

En Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, la situación varía incluso según se trate de empleados públicos o por cuenta ajena. Así, en los tres herrialdes, quien trabaja en la función pública puede disponer de dos semanas más de permiso (18 en total para gestantes y cónyuges) y en su caso pueden recibir la prestación aunque los hijos acudan a la guardería.

En lo que respecta a los trabajadores autónomos, la nueva regulación de Lakua establece que durante el permiso subvencionado deberán contratar a otra persona a tiempo completo.

El decreto recoge también incrementos en las ayudas a familias monoparentales, familias numerosas y aquellas en las que exista algún miembro en situaciones de dependencia o discapacidad superior al 50%, así como para unidades con alguna persona víctima de la violencia machista.

Al norte del Bidasoa

En Lapurdi, Zuberoa y Nafarroa Beherea, la Administración distingue entre dos permisos diferentes: el de paternidad y el parental. El primero se reconoce a los y las cónyuges de la madre gestante y recoge 3 días por el nacimiento y otros 11 días de permiso de paternidad, es decir, un total de 14 a disfrutar, que aumentan hasta 21 días si se trata de gemelos o trillizos. Contempla hasta 30 días consecutivos más si el recién nacido es hospitalizado inmediatamente.

En Ipar Euskal Herria, las madres cuentan con seis semanas de permiso retribuido antes de dar a luz y diez semanas después del nacimiento, pero esto también varía en función de si es el tercer hijo (8 semanas antes y 18 después), gemelos (12 semanas antes y 22 después de nacer) o trillizos (24 semanas antes y 22 tras el parto). En las bajas de maternidad y de paternidad, el contrato se suspende y la persona asalariada recibe el correspondiente subsidio de la Seguridad Social.

Los permisos para los cónyuges no se pueden fraccionar, aunque sí reducir. Se pueden solicitar en los 4 meses posteriores al nacimiento y se pueden prolongar en caso de hospitalización del hijo o hija, o fallecimiento de la madre.

La retribución que reciben los cónyuges en Ipar Euskal Herria se calcula a partir del salario base, teniendo en cuenta el salario bruto percibido los últimos tres meses, y se divide entre 91,25, aunque existe un tope de 186 euros por día. En caso de personas no asalariadas, la cantidad es la misma que recibe la madre durante su permiso.

Otra particularidad es el sistema de pago, que se realiza cada 14 días y con la condición de que el cónyuge tiene que haber cotizado a la Seguridad Social como mínimo desde diez meses antes del nacimiento.

El permiso es voluntario y, en la mayoría de los casos, la renuncia a este derecho tiene que ver con la reducción del salario que representa.

Hay otra posibilidad para las unidades familiares: la de acogerse al permiso parental, pensado para su disfrute una vez terminadas las otras modalidades y al que pueden acceder la madre o su cónyuge. Su duración es de un año y puede ser renovado tres veces, hasta el tercer año de la criatura.

Si el llamado permiso parental no está remunerado, sí lo está la prestación compartida para la educación del menor, una ayuda que costea la Seguridad Social en el marco de los subsidios familiares (CAF).

8 semanas en Nafarroa

Los permisos por el nacimiento de hijas e hijos en Nafarroa no están igualados en el caso de madres y cónyuges. Las y los cónyuges pueden disfrutar de 8 semanas; las dos primeras deben cogerse inmediatamente después del nacimiento y las otras seis a lo largo del primer año de vida de la criatura.

Aquí se presenta un problema, ya que muchos convenios establecen cinco días de baja para la pareja de la madre, que se tienen que coger tras el parto y que muchas veces se pierden al solaparse con el permiso, aunque hay empresas que respetan esos cinco días junto a las dos semanas de permiso posteriores al nacimiento.

En relación a los permisos por el nacimiento de hijos, en Nafarroa se ha formado recientemente la plataforma Petra (Madres Feministas por la Ampliación de los Permisos Transferibles), un colectivo que opera a nivel estatal y «busca dignificar la maternidad y mejorar las condiciones en la que es vivida».

Este colectivo reclama ampliar los permisos parentales y que estos sean transferibles a elección de la pareja. Plantea que el «cuidado de una criatura absolutamente dependiente requiere de una sociedad sensible que apoye este proceso» e introducen reflexiones como la «estabilidad emocional en el futuro» que representa «un apego seguro».

«Criar y amamantar debería ser compatible con la presencia de las madres en los espacios públicos o con el desempeño laboral», sostienen, frente a «una sociedad capitalista y patriarcal que no tiene en cuenta las necesidades humanas».

Entre el «salto» y un análisis en profundidad

El decreto del Gobierno de Lakua se presenta como «un salto importante y pionero» en el propósito de «impulsar que más hombres se impliquen en los cuidados desde los primeros meses de vida para generar los mismos vínculos que hasta ahora solo se crean entre madres y bebés». Sucede que estas medidas llegan tras otras que perseguían el mismo fin, pero que el propio Ejecutivo reconoce que no tuvieron el efecto buscado.

Con el decreto aún caliente sobre la mesa, la segunda fuerza parlamentaria, EH Bildu, que impulsó la celebración de un pleno monográfico sobre esta cuestión, considera que las nuevas medidas llegan sin un análisis en profundidad desde distintos ámbitos y sin corregir problemas identificados.

Uno tiene que ver con la forma de pago y el hecho de que no todas las familias se pueden permitir permisos no retribuidos al tener que esperar a cobrar la ayuda; otro es que no se igualen las condiciones entre el ámbito público y el privado. Hay que buscar fórmulas para llegar a las personas más vulnerables, recuerda la parlamentaria Nerea Kortajarena. En el fondo, plantea, «hay que reconocer que hay una crisis de cuidados y hay que abrir una reflexión profunda para establecer las estrategias y revertir la estructura social de los cuidados». «Si estamos hablando de políticas de familia, no se puede no hablar de la reforma laboral, por ejemplo. Las políticas familiares no son el objetivo en sí, sino el buen vivir, que se den las condiciones para decidir si se quieren tener hijos o no, para decidir cuántos tener...».N.G.